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Siempre me ha parecido muy buena idea la de dar forma de festival al proceso de selección del paquete de cortometrajes que se beneficiarán de la iniciativa de distribución Madrid en Corto que impulsa desde hace varios años la Comunidad de Madrid. Y articularlo a través de su Semana del Cortometraje es sin duda la decisión más coherente, pues se refuerzan mutuamente y dota al certamen de un componente competitivo con identidad propia, al mismo tiempo que se le da transparencia al proceso de selección del pack. Una competición local que se revaloriza además gracias a las interesantes secciones paralelas que terminan de armar el festival.

Como en todas las programaciones, los gustos y las preferencias de cada uno pueden divergir, pero si se toma como conjunto la treintena de obras presentes en la Sección Oficial no cabe más que reconocer el nivel que el cortometraje realizado en Madrid ha ido acumulando en los últimos años, siendo además esta selección una privilegiada perspectiva panorámica de la producción madrileña en formato breve. Las ocho obras seleccionadas para formar parte del catálogo Madrid en Corto 2014 lo lograron por méritos correctos, y da un poco de tristeza comprobar que alguna otra más arriesgada se haya quedado fuera de la selección y del palmarés.

Elegancia, corrección y tiempos de crisis

Juan y la nube

Juan y la nube, de Giovanni Maccelli

Lo que en mayor o menor medida une a las dispares obras del catálogo Madrid en Corto 2014 es que son cortometrajes sólidos y firmes tanto en lo estético como en lo narrativo. Piezas correctas, asequibles al público, lustrosas y en algunos casos visualmente deslumbrantes. En resumen, cortos bonitos y muy cuidados que no ahondan en lo experimental, ni abanderan en general soluciones de vanguardia. Tampoco es que sean ejercicios vetustos ni clasicistas, no es eso: simplemente son buenas historias, bien contadas, que en todo momento tratan de conectar con la actualidad y las preocupaciones cotidianas, sean estas la crisis económica, la soledad, la enfermedad y la muerte, los valores de la juventud, la confusión sentimental...

La propuesta más reglada del grupo de seleccionados vino de mano del vasco Natxo López con Pase privado (Premio de Telemadrid/La Otra), una suerte de mini-Rashomon que a lo largo de sus tres puntos de vista migra de la comedia romántica al terror psicológico para dejar asomar en el trasfondo la desesperación ante la ruina económica de muchas familias españolas. El guión se desinfla un poco en la tercera vuelta de la historia, cuando ya está todo el pescado vendido y ya queda poca información nueva que ofrecerle al espectador. Con todo, es un corto nacido para arrasar en los festivales de cine fantástico y conquistar al público, pues a la amabilidad de la historia se le suman también una agradable pareja compuesta por Gorka Otxoa y Natalia de Molina, ganadora del Goya a Actriz Revelación 2014.

El fantasma de la crisis también está conjurado en uno de los triunfadores de Medina del Campo Todo un futuro juntos (Premio Ama a la Mejor Producción y Premio 8 y1/2 al Mejor Guión, ex aequo), del hacendoso Pablo Remón, quien a través de un tenso plano secuencia nos coloca ante ese reverso tenebroso encarnado por los altos directivos bancarios que se han enriquecido vendiendo preferentes y haciendo otras lindezas. El humor negro preside este trabajo sustentado por la estupenda actuación de Luis Bermejo y Julián Villagrán.

Y también las maldades de la ambición y de la explotación económica y ambiental aparecen en el más tierno corto de la colección, Juan y la nube (Premio de Telemadrid/La Otra), cuento infantil, aunque disfrutable por adultos, en el que Giovanni Maccelli entremezcla stop motion y animación en 3D con elementos y fondos fotográficos, y donde la añoranza de pasado, de la infancia, del pueblo, de la vida sencilla y honesta lo vinculan de alguna manera con la nostalgia que Charles Foster Kane sentía por su idolatrado trineo. Estamos ante un corto sencillo, no en vano el público infantil es su target principal, y sujeto a estos planteamientos resulta un trabajo muy eficaz.

Grandes esperanzas

Por encima de la media del grupo están tres títulos totalmente opuestos entre sí, que descubren tres talentos emergentes del cine español. Safari (Premio User t38 al Mejor Acabado de Imagen) es el cuarto cortometraje de Gerardo Herrero tras Picnic, Acrobat y Badland, y es un paso más en la consolidación de un cineasta con un portentoso talento visual. Puede que a nivel de guión aún le falte a Herrero dotar a sus historias de un mayor contendido, pero tras ver Safari, seleccionado para la Semana de Crítica de Cannes, no cabe duda de su madurez como realizador y su capacidad para facturar un cine con aspiraciones comerciales caracterizado por unos planos tremendos- Herrero transforma una sencilla y violenta revisitación de la matanza de Columbine en un artefacto apabullante y vertiginoso, que si bien deja siempre en primer plano todos sus referentes, también muestra su perfecto entrelazado y un expreso deseo de colocar por encima de todo una narración sin fisuras donde el protagonismo está cedido a la fotografía, la planificación y el montaje.

Elena Asins-Génesis , de Álvaro Giménez Sarmiento, sobre un guión de María del Puy Alvarado (Premio 8 y1/2 al Mejor Guión, ex aequo), se sumerge en el documental de creación para rescatar del olvido a una de las artistas más importantes y desconocidas del territorio español, una pionera en el arte digital y computacional que vive casi aislada y recluida en un pueblo navarro. Giménez Sarmiento escapa de la hagiografía y prefiere moverse entre sombras y nieblas, entre bosques hiperrealusta y materiales audiovisuales desgastados, reclamando la poesía del arte de Elena Asins, buceando en su abstracción para hallar su esencia terrenal, el carácter de juego que tiene su obra, de exorcismo del aburrimiento y la apatía. Todo ello alcanza un bello y estremecedor resumen en las pocas intervenciones que se le conceden a la artista en el film, donde confiesa que en toda su vida, lo único que de verdad ha valido la pena es su arte; lo único que ha merecido la pena.

Soy tan feliz

Soy tan feliz, de Juan Gautier

La pieza más solvente de todas es Soy tan feliz, emotivo drama de Juan Gautier, plagado de matices y aciertos de casting y de puesta en escena. Es el retrato de un personaje, Fran, estudiante de MIR que vive con su madre enferma, que se mantiene apenas a flote en su depresión. Con constantes reencuadres que van agobiando más y más a la protagonista a medida que su tragedia familiar se ahonda, Gautier propone una zambullida en el dolor y el estrés de un personaje que siente que ha perdido el control de su vida, arrastrada por unas circunstancias que la conducen a la soledad y la alejan día a día de la felicidad. Todo lo que le rodea es un lastre que le impide alcanzar la orilla de la esperanza, y que se ve incapaz de soltar.

Soy tan feliz constituye el retrato autópsico de una generación de jóvenes adultos agobiados por las cargas de la responsabilidad y la falta de horizontes, de personas que ven cómo los demás son capaces de salir a flote. Firme y elegante, se desmarca como uno de los trabajos más actuales de esta edición, y su sencillez está trufada de ideas y profundidad, que el director sabe finalmente equilibrar mostrando un atisbo de luz al fondo del tenebroso túnel.

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