Cortosfera.es

Poco después de presentar Timecode en Cannes, me contactó Jaume Ripoll de Filmin. Me propuso rescatar mis anteriores cortos y hacer una retrospectiva on-line. Le contesté que me parecía estupendo, pero que antes sería necesario efectuar un trabajo de rescate y restauración. Algunos de los cortos se pueden encontrar de mala manera en Youtube y otras plataformas, pero ninguno subido por mí, y la mayoría con mala calidad de imagen y aún peor sonido. Descontando los tres últimos estamos hablando de ocho cortos, dos en Súper 8, dos en 16mm y cuatro en 35mm.

Son cortos realizados antes de 2006, cuando el HD estaba lejos de ser un estándar, y el único material video que obteníamos era, con suerte, una cinta Betacam SP. Luego se hacían transfers en PAL, primero a VHS, y años después en DVD.

Afortunadamente, la Filmoteca de Catalunya conserva los negativos originales de todos ellos. Había uno que creía perdido: No se mueva durante los cuatro disparos, una marcianada que fue seleccionada en Elche, Granada y algún festival más. Se reveló en el antiguo Laboratorio Riera de Barcelona, y la Filmoteca también lo ha recuperado, etiquetado como Fotomatón, que era el título de trabajo.

A partir de estos negativos estamos haciendo nuevos masters con la ayuda de DeLuxe. Espero que los cortos luzcan y suenen como se merecen. En algún caso, como Especial (con luz), seguro que mejor que cuando se estrenaron. Otro de ellos, Hora de Cerrar, que es el primer corto que hice, se está recuperando a partir de un Súper 8 blanco y negro montado originalmente en moviola, cortando y pegando ristras de fotogramas. Ocho y pico se está encargando de obtener un master en 4K a partir de las bobinas originales.

Si el corto había recibido ayuda, estábamos obligados a entregar una copia 35mm a la Filmoteca correspondiente. Esto, que en su momento suponía un coste extra considerable para la rala economía del cortometrajista, se convierte en decisivo con el paso de los años.

El tema de recuperar material fílmico no es nuevo para mí. Junto con mi socio Pere Pueyo hemos construido un aparato denominado Kinograph, a partir los planos de su creador Matthew Epler y siguiendo sus instrucciones liberadas open source. Con la ayuda de un Arduino y una Blackmagic Studio Pro somos capaces de transferir un negativo 16 o 35mm a 4K con una calidad insuperable y con un coste asequible. Un software libre permite leer incluso el sonido y construir un archivo WAV a partir de la banda sonora óptica. Es una alternativa factible a la Kinetta, Arrilaser y otras estupendas opciones, pero que siguen siendo excesivamente caras para el cineasta independiente.

Tras el paso al digital, algunos expertos auguran que los tiempos que estamos viviendo se convertirán en el nuevo cine mudo, del que apenas un 20 por ciento de films se conservan. Estamos en plena época de transición en la que el analógico prácticamente ha desaparecido ya, y se abraza el digital sin asegurar la preservación a medio o largo plazo. La mayoría de cineastas independientes y pequeñas productoras no conservan el material digital de forma segura, cosa por otra parte bastante complicada, incluso para entidades con recursos y grandes estudios. Los discos duros fallan, las cintas magnéticas se degradan, los servicios on-line quiebran y desaparecen (recuerden MegaUpload), y nuestras películas digitales se esfuman para siempre. Un film de nitrato de 1894 tiene más posibilidades de sobrevivir que una película digital grabada en 2017.

En USA y Europa hay iniciativas para la preservación del material digital. Para la gente interesada en el tema recomiendo The Digital Dilemma y su continuación, The Digital Dilemma 2, donde se analiza el problema en profundidad.

Mientras tanto, recupero el celuloide de nuestros primeros cortos, algunos rodados con película caducada Agfa, otros con colas sobrantes que nos cedían las productoras de publicidad. Los rescatamos, colocamos cuidadosamente las bobinas en el escáner, la luz pasa a través de la emulsión y recupera toda la magia, y también todos los errores que cometimos. Errores fotoquímicos que durarán seguramente más de doscientos años, reposando tranquilamente en sus latas, en unas condiciones de temperatura y humedad controladas.

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