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En una noche en la que los servicios secretos de Trump boicotearon la ceremonia de los Oscar sustituyendo maquiavélicamente la papeleta de Mejor Película de Largometraje, las expectativas de España para obtener, de una vez por todas, el Oscar al Mejor Cortometraje de Ficción volvieron a verse truncadas, y Timecode se quedó a las puertas.

Ganaron los buenos sentimientos, la blandura, el atraco a mano armada contra la sensibilidad del espectador. Si hubiera ganado el espléndido Ennemis intérieurs estaríamos encantados, pero que el premio al Mejor Corto de Ficción haya recaído en una moñería llamada Mindenki de Kristóf Deák (Hungría) clama al cielo. Es cierto que tiene alguna escena buena, pero en general es un cuento infantil sin demasiada gracia, sobre una niña que recibe la orden de fingir que canta en un coro, para no desvirtuar este. El planteamiento es curioso, de acuerdo, y la dirección de las niñas protagonistas es bastante afinada, pero el corto naufraga con un final increíblemente tramposo.

Al lado de la ranciedad de Mindenki, el Mejor Corto de Animación sabía a gloria. La victoria de la última propuesta breve de Pixar estaba cantada, pero en este caso el sentimentalismo de Piper de Alan Barillaro es un sentimentalismo honesto y bien trabajado. Este simpático cuento de una cría de gaviota que consigue superar su miedo a enfrentarse a las olas hace uso de toda la técnica narrativa disneyana mil veces vista, mil veces admirada, dando lugar a momentos realmente divertidos (sobre todo en lo que respecta a la relación entre el pajarito y el cangrejo) y algún instante de verdadera poesía (el pajarito bajo el agua, observando cómo el oleaje atrae y repele infinidad de conchas).

Por su parte, el Mejor Cortometraje Documental recayó en The white helmets de Orlando van Einsiedel (Suecia), que de algún modo representa la irrupción de la era Netflix en el Oscar documental, sustituyendo a la era HBO. Como dijimos en su momento, The white helmets es un documental urgente y nervioso que describe la labor de un grupo de voluntarios que ayudan al rescate de víctimas de los bombardeos de Siria, aunque a veces la necesidad de ofrecer espectáculo se superpone al análisis de la realidad. Van Einsiedel ya había sido nominado en 2014 por otro trabajo suyo, Virunga.

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