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Birdboy

Director: Alberto Vázquez y Pedro Rivero | Año: 2010 | Nacionalidad: España

En una isla habitada por tiernos y felices animalitos, se produce una explosión industrial que diezma a sus pobladores y acaba con tanta dicha. A partir de ahí se describen los dos personajes principales, dos niños huérfanos que estudian en la deprimida escuela del lugar: Dinky, una ratita que ha perdido a su padre en la explosión (y con él el sentido de su idílica vida anterior), y Birdboy, un niño pájaro inadaptado e incapaz de volar (y al parecer de hablar) que sueña con escapar de la isla con su adorada Dinky.

Un punto de partida no muy novedoso (dos niños unidos por la adversidad desean escapar de un ambiente hostil), que podía haber dado lugar a una obra complaciente y vulgar. Y sin embargo, Birdboy desprende personalidad e intensidad dramática.

Birdboy

Indagamos en la trayectoria de uno de sus directores, Alberto Vázquez. Este coruñés de nacimiento (tenía 22 años cuando se produjo el desastre del Prestige) ya era ampliamente reconocido como ilustrador de Edgar Allan Poe o H. P. Lovecraft, o como autor de novelas gráficas tales como Psiconautas, obra de la que proceden trama y personajes de Birdboy. Y fue a raíz de su unión profesional con el bilbaíno Pedro Rivero, responsable del gamberro largometraje de animación en formato flash La crisis carnívora, cuando Vázquez vio las posibilidades expresivas de realizar un cortometraje sobre su cómic de más de 100 páginas.

Birdboy ofrece claras similitudes temáticas con Psiconautas. La premisa inicial, los personajes y, sobre todo, el universo anímico del cómic: los habitantes de la isla proceden de un mundo feliz arrasado por un desastre tecnológico, y malviven fustigados por las consecuencias materiales de la catástrofe y el recuerdo doloroso del paraíso perdido. Pero hay un matiz esencial: ese paraíso descrito al principio del corto resulta un tanto artificioso (hay hasta pajaritos disneyanos), el maquinismo laboral e industrial está totalmente establecido, y ya entonces el niño pájaro Birdboy arrastra su orfandad y su marginación (su padre murió asesinado por un representante del orden). Lo que cae arrasado en Birdboy no es la felicidad, sino la felicidad de cartón piedra y anuncio publicitario.

Birdboy

Después de la catástrofe, la descripción de un infierno ya imposible de ser maquillado (a partir de escasos pero contundentes elementos) alcanza cotas de gran altura, sobre todo en lo que concierne a la simulación de la felicidad perdida (el nuevo compañero de la madre de Dinky se hace pasar por el padre muerto de esta, y en el momento en que la ratita acepta la farsa se pone una patética careta) o la huida de la realidad (la magnífica escena de la alucinación de un drogado Birdboy, volando con su querida Dinky lejos de la isla).

Todo en Birdboy es metáfora: la infancia perdida (infancia de publicidad, insistimos), las apariencias sociales y la marginación de los individuos considerados diferentes. Respecto a esto último, es imprescindible citar uno de los grandes hallazgos de la película: la metáfora del niño pájaro que es incapaz de volar es transparente, pero Vázquez y Rivero no se detienen ahí, pues la capacidad de volar también resulta dolorosa, como queda de manifiesto en la muerte del pájaro amigo de Birdboy y en el cementerio de pájaros donde este lo entierra. Así, la apuesta por la propia identidad tiene un precio muy alto, pues trae consigo la total indefensión frente a un mundo depredador.

Birdboy

Y todo lo anterior no sería nada sin la perfecta conjunción de temas y formas. Parece ser que, a través de Rivero, Vázquez descubrió nuevas posibilidades expresivas en la técnica de la animación, y a raíz de ese descubrimiento, el estilo gráfico de Birdboy estableció ciertas diferencias con Psiconautas. Así, mientras que el cómic adopta la tinta negra, Birdboy se decanta por un formidable tratamiento del color, tan básico en su concepto (colores vivos para la infancia feliz y las alucinaciones, colores neutros y grises para el infierno cotidiano) como expresivo en sus resultados. Eso sí, tanto cómic como corto se apoyan en un minimalismo gráfico que da lugar a instantes y detalles memorables. El nombre del título trazado con espinas; el cielo rojo de la alucinación de Birdboy, que parece inspirado en el de Toby Dammit de Fellini; el aspecto físico de Birdboy, con uniforme escolar raído, siete u ocho cabellos mustios, las cuencas de los ojos grandes y vacías con los contornos quemados; o las terminaciones nerviosas que salen de esas cuencas cuando se droga, que parecen las ramas secas de los árboles muertos.

En 2013, Vázquez volvió a revelarse con otra obra casi tan hermosa como su antecesora, Sangre de unicornio, y en la que Rivero ha seguido colaborando en labores de guión y producción. Una obra que, por cierto, parece una ampliación en toda regla de una micropieza del coruñés, Ramiro, sucia rata (a su vez inspirada en otro cómic suyo), y que incide en lo que empieza a parecer un universo personal. Para Vázquez, todos somos ositos de peluche arrojados brutalmente a un mundo de crueldad y destrucción, pero la crueldad no es más que la cara oculta de esa infancia supuestamente feliz.

 

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