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Bogdan i Róza

Milena Dutkowska | 2017 | Polonia

Por Valentín Losa-Izquierdo

El cine polaco está viviendo un nuevo esplendor en los últimos años merced a la obra de Pawlikowsky y compañía. Y de allí procede este fantástico Bogdan i Róża, de la directora Milena DutkowskaBogdan i Róża es un cortometraje prácticamente mudo que nos cuenta la historia de una pareja casi anciana, del desgaste de su relación pero también de los sutiles vínculos amorosos que aún los unen, y todo ello con un tono muy logrado de comedia negra que linda con los ‘cartoon’ clásicos de parejas que se aman/odian y con series como George and Mildred / Los Roper  y demás.

Tal vez lo primero que llama la atención de este corto sea la fotografía y la ambientación: una foto en la que predominan azules y grises y una ambientación y decorados ligeramente kitsch – ese retrete en la cocina – que no nos permiten situar la historia en un momento determinado de – eso sí parece claro – la segunda mitad del siglo XX. El guion de Bogdan i Roza se estructura de una manera muy inteligente y sutil, que combinado con una particular y acertada forma de filmar hace que el espectador no sepa muy bien en los primeros minutos qué esperar, pues podría tratarse de la comedia negra que efectivamente resulta ser o de una historia trágica y violenta. Este acierto y la capacidad de Dutkowska de sugerir lo que no nos muestra la pantalla consiguen fijar nuestra atención y que el director nos lleve hacia donde él quiere.

 

Otro acierto de guion es el leit motiv que estructura todo el corto: un bote de conserva (así como suena, con una apariencia bastante apetitosa, por cierto) y las diferentes relaciones que a su respecto y entre los protagonistas desarrollan en sus tres apariciones (las del bote de conserva, y estelar la última de ellas). Por poner un pero, tal vez el par de gags centrales resulten demasiado disparatados – y bastante manido el primero – frente al realismo costumbrista que domina todo el metraje, a pesar de estar muy bien contados y hacernos reír.

Desde luego un film mudo, aunque sea un cortometraje, requiere – al margen de un buen guion – de unos movimientos de cámara y un montaje muy precisos que armen el ritmo necesario y mucho más si, como en este caso, está rodado casi íntegramente en interiores un tanto angostos, y Dutkowska lo borda con secuencias de duración considerable (teniendo en cuenta los escasos catorce minutos de duración del corto) trufadas de planos fijos y planos/contraplanos: muy pocos movimientos de cámara, pero cuando la mueve, funciona estupendamente, como en el travelling que nos muestra la relación laboral que hay entre los protagonistas o en los dos pequeños zooms de la penúltima secuencia.

En cuanto a los actores, tanto las interpretaciones como la dirección merecen un sobresaliente: ella evoca – salvando las distancias, claro está – a una Giulietta Massina en un registro sobrio, y él a uno de los personajes de la tercera edad que Pixar suele bordar. Ambos están casi completamente impávidos en todo el metraje. Y sin una mirada a la cara del otro, lo cual tiene bastante mérito en tan limitados escenarios y que hay que apuntar en el haber de una muy buena dirección de actores, como decíamos.

Bogdan i Róża se cierra con un primer plano del protagonista – entre ambiguo y malévolo – que redondea esta curiosa ‘delicatessen’, que entre el realismo y la caricatura retrata el conocido dicho del acervo popular español que una anciana vecina de un servidor repite con bastante frecuencia que afirma que “más allá de 50 años de relación de pareja ya no hay amor, hay compañía”. Pues eso. O no.

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