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Ce magnifique gâteau

Esto era una deuda pendiente desde el estreno de la película, no ya en España, dentro de la Sección Esbilla/AnimaFicx del festival Internacional de Cine de Gijón de 2018, sino desde que comenzó su andadura en la Semana de la Crítica del festival de Cannes, ya hace casi un año. Es hasta el momento una trayectoria selecta y cuidada. En lugar de optar por una presencia masiva de Ce magnifique gâteau en todos los festivales del orbe, sus responsables han optado por seleccionar bien la presencia del film en algunos festivales a lo largo de todos estos meses, consiguiendo así que permanezca de actualidad (y que esta crítica, por tanto, no quede demasiado lejana). Por hacer un breve resumen antes de entrar en materia, hasta la fecha, además de los mencionados festivales Ce magnifique gâteau ha sido seleccionado en Animafest (Zagreb), Toronto, Vila do Conde, Chicago, Animatou, Ottawa, La Cabina, BIAF (Corea del Sur), Espinho, Clermont-Ferrand… habiendo obtenido premios en casi todos ellos.

Parece evidente pensar que esta estamos ante uno de los cortos del año. Y si reparamos en que se trata de la nueva producción de Emma De Swaef y Marc James Roels, responsables del magistral Oh Willy… (2015), la constatación de que se trata de una obra de imprescindible visionado llega sola.

Lo primero que debemos señalar es que no se trata en sentido estricto de un cortometraje. No vamos a entrar aquí en la discusión sobre los límites de duración del formato, pero hay que decir que Ce magnifique gâteau alcanza los 45 minutos, lo que ha hecho que en algunos festivales aparezca como cortometraje, como mediometraje e incluso como largometraje. Pero, como he dicho, esta es otra cuestión. A lo que me refiero es que Ce magnifique gâteau está compuesto en realidad por cinco piezas conectadas de alguna manera, y que tienen como eje temático la colonización africana por parte de Bélgica durante el siglo XIX. Cinco historias protagonizadas por cinco personajes muy distintos, pero todos embarcados en una tragedia social y personal común, que sirven para pintar no un retrato individual sino colectivo de la época y su política, cuyos ecos presentes no se escaparán a nadie.

Sin perder esa sutil sensibilidad para retratar a sus personajes que hemos visto en sus anteriores obras, la pareja de cineastas tira de absurdo, ironía y sátira para tejer al final una tragicomedia sumamente elegante, llena de recovecos, trampas, sorpresas y giros inesperados. El trazo de cada uno de los personajes se apuntala con un monólogo interior en off que no siempre trata de arrojar luz sobre lo que vemos (muchas veces los personajes mienten o tergiversan abiertamente), lo que lejos de despistar, nos permite asistir a un retrato psicológico más cercano, y las peripecias que cada uno viven están continuamente forzando la línea del relato más allá de lo sorprendente, pero sin terminar de quebrar la delgada línea de la verosimilitud. En este sentido, el guion (o los guiones) de Ce magnifique gâteau son un continuo tour de force disparatado y cínico, que termina siempre hundiéndonos en lo más trágico, pues el trasfondo de todo lo que vemos, por muy gracioso que sea, es la exterminación, el saqueo, la sumisión, la dominación.

Es en este juego entre lo horrible y lo hilarante donde radica buena parte de la maestría del film. No solo los cineastas logran un perfecto equilibrio en el tono general, sino que este tono es el punto perfecto para la descripción de unos personajes, algunos humildes, otros principales, que independientemente de su estatus social van a vivir una aventura que los muestra desencantados, abúlicos, en cierto modo aislados e incomprendidos (o incapaces de comprender). La minuciosa frialdad de los escenarios y la sequedad con la que se traslada el contexto histórico, extrae de ese fondo a unos personajes redondeados y cálidos, ayudando de este modo a su relieve.

Al hilo de lo anterior, el otro elemento que eleva Ce magnifique gâteau a la genialidad es, por supuesto, el impresionante dominio técnico de sus autores. Basta con ver las imágenes del trailer para comprenderlo. No es solo que los fondos sean espectaculares o que los personajes, dentro de su concreción estética, estén hechos con precisión y cariño; o que la labor de animación en stop-motion sea exquisita : el aspecto técnico lo abarca todo. La fotografía, el sentido del montaje, la planificación, el mimo expresivo, la música, la dirección artística… No hay detalle en esta película que baje de la mayor excelencia. Un apabullante dominio técnico que no sorprende del todo a quien ya conozca la filmografía anterior de Emma De Swaef y Marc James Roels, pero que en ningún momento deja de maravillar.

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