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De l'amitié

En cierto momento de De l’amitié , de Pablo García Ganga, se alude a la democracia ateniense, en la que cualquiera podía ocupar un cargo en sus distintas instituciones (excepto los estrategas militares), porque se nombraba a sus integrantes por sorteo. No eran políticos profesionales, no se les elegía por votación. Cualquier ciudadano podía, en cierto momento, ser uno de los que participaba en las decisiones que determinaban el curso de la sociedad, incluso la participación o no en la guerra. ¿Cuánto hay de sorteo y cuánto de elección en una relación sentimental o de amistad? ¿Cuánto de aleatoriedad y capricho, de necesidad y falta, de condicionamiento circunstancial, cuánto de enfoque preciso del otro, cuánto de vínculo cómplice? ¿O de qué materia está formada la inconstancia en los sentimientos y los vínculos? ¿Por qué, tras un tiempo, sea el que sea, se desvanece lo que se sentía, y lo que tiempo atrás se sentía como un todo se siente nada? ¿En qué se fundamentan las relaciones, en qué medida conexión, en qué medida conveniencia?

«Pero decidme por qué ya no me amáis». «Lo ignoro. Todo lo que sé es que he comenzado sin saber por qué y he acabado sin saber por qué; y que me parece que va a ser imposible que esta pasión resurja. Ha sido una locura juvenil de la que creo que, afortunadamente, me he curado por completo». «¿Cuáles son mis equivocaciones?». «Ninguna». «¿Tenéis que hacer algún secreto reproche a mi conducta?». «Ni uno sólo; habéis sido la mujer más constante, más honesta y más dulce que un hombre pueda desear». «¿Olvidé algo que estaba en mi mano poder hacer?». «Nada». Es un diálogo que corresponde a Esto no es un cuento, de Denis Diderot, uno de cuyos pasajes sirvió de inspiración para el cortometraje Jaula de todos (1974), de Paulino Viota, del que se constituye en muy sugerente variación, en blanco y negro, De l’amitié. En el relato de Diderot se exponen dos casos, en los que un hombre y una mujer, ambos buenos y honrados, se toparon respectivamente con quienes les utilizaron e hicieron sufrir. Ambos cortometrajes se centran en el pasaje de la mujer que se entrega al hombre, dedicando todos sus esfuerzos, incluso el aprendizaje de materias y lenguas para ayudarle en un estudio que puede reportarle el empleo deseado como profesor, para ser abandonada bruscamente, como si ya meramente fuera alguien que le aburre y repele (incluso como si el tiempo compartido hubiera sido un desperdicio). En la desolación del abandono conoce a otro hombre que se queda prendado de ella, un hombre entregado y atento, pero ella no le corresponde.

En ambos cortometrajes uno de los personajes principales relata en ‘flashback’. En el caso de De l’amitié es incluso quien se queda también prendado de ella, pero en este caso sí mantienen una fugaz relación sexual, antes de que ella desaparezca de su vida, como también lo hizo el amigo. En la obra de García Canga el tiempo adquiere una dimensión más relevante, más física. Pensar el pasado y el presente pone en cuestión el presente, y lo deja como una mierda, dice un personaje. No es un ‘flashback’ sostenido en un relato a un oyente, como en el caso del cortometraje de Viota, sino la evocación doliente de quien evoca un tiempo en el que se sintió más presente, como si su vida desde entonces hubiera sido un discurrir de días indiferenciados. La publicación de un libro sobre política, escrito por el que fue su amigo, le hace recordar lo que durante un breve periodo de tiempo fue, cuando ambos crearon un mundo de dos, un tiempo en el que sentía que compartía su voz con alguien (y no sólo con los libros). Es un relato, por lo tanto fantasmal, desde la perspectiva de quien se ha sentido desde entonces un fantasma. El relato es la carta que escribe a quien durante aquel periodo de tiempo le hizo sentir vivo con el vínculo de su amistad. No es solo el relato que se narra desde el futuro, es el relato que deja constancia de cómo las relaciones se convierten en recuerdos, en distancia, cómo las relaciones tienen un término, que puede ser gradual o brusco. Un día ya no están en tu vida, ni ese amigo ni esa persona que amabas.

El cortometraje de García Canga evoca el cine de Philippe Garrel, en especial la reciente, y una de sus mejores obras, L’amant d’un jour (Amante por un día, 2017), por sus composiciones simétricas y su blanco y negro, sus planos de dilatada duración (como si se estiraran suavemente), el uso de las transiciones y la atención al detalle (una luz en un edificio en la noche, unas sábanas que se estiran y se cubren con una manta, condensan lo que significa su amistad; dos planos de una cama desordenada reflejan el desvanecimiento de una relación efímera que quedará como un vacío). En De l’amitié, relación sentimental y amistad se equiparan como vínculos, asociaciones, cruces, que disponen de una duración, y que, en ocasiones, dependen de una circunstancia, de una coincidencia en el espacio y el tiempo, por el interés en una materia, por unas aficiones, o quién sabe por qué. Pero puede que del mismo modo que no se sabe cómo o por qué empieza, termina. En ocasiones, en algunas relaciones, amorosas o sentimentales, es así de tenue, y hasta ilusorio, el vínculo. ¿Por qué esa inconstancia más allá del influjo de las circunstancias? Como en aquellas instituciones griegas, el decurso de los acontecimientos sortea otros vínculos, otras amistades, otras relaciones sentimentales. Aunque los haya que sí sientan ciertos vínculos como un vínculo sustancial con la vida. Por un instante, no sienten que sus relaciones sean mecánicas. Por un instante, sienten que no son fantasmas abocados a la inercia.

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