Cargando contenidos…
{"ads":[],"mobile_ads":"Y"}

Desistfilm

Director: Stan Brakhage | Año: 1954 | Nacionalidad: EEUU

Imagina que tu perspectiva es la de una mosca, pero no la de una mosca cualquiera, sino la de aquella combinación de mosca y ser humano, escindida en dos, resultante de un fallido experimento, en The fly (La mosca, 1957), de Kurt Neumann. Y en concreto de la porción con cabeza humana y cuerpo de mosca que queda atrapada en la tela de araña y grita aterrorizada, con aquella aguda voz que parece exprimirse, porque ve cómo se cierne sobre ella, amenazadora, la araña. Y comprenderás la opresiva sensación que transmite Desistfilm (1954), de Stan Brakhage. La distorsión sonora, musical, un sonido aflautado que evoca al de una mosca, sobrevuela las iniciales imágenes, y pronto se hará temblor narrativo, como si un ojo ajeno, la agitada mirada de una enajenación, de un trastorno, se hubiera apoderado de los espíritus de los adolescentes, cuatro chicos y una chica, quienes, en los primeros planos, se dedican a acciones tan ordinarias como tocar el ukelele, fumar, leer o jugar al ajedrez. Matan el tiempo, se olvidan y distraen de sí mismos, cuerpos que son ausencia y pausa.

Desistfilm

Otro joven irrumpe en la habitación y el escenario se transfigura, las acciones de dislocan, lo ordinario se torna dislate. Quien tocaba el ukelele se toca el ombligo como si quisiera hurgar en sus profundidades, quien fumaba se enreda en un ovillo, quien leía hace un castillo con los diversos libros, uno de los que jugaba al ajedrez usa el ukelele al modo de metralleta apostado tras el sofá, y el otro enciende varias cerillas a la vez y toca compulsivamente los diversos objetos alrededor como si no los hubiera tocado nunca. Y la embriaguez les domina, y bailan, y beben, y el recién llegado baila con la chica, y todos les contemplan porque unos besos y unas caricias rasgan definitivamente el telón del escenario, y la desnudez revela su presencia bajo las ropas, y el ser y el parecer se confunden, y ya no hay límites, ni para lo que se hace ni para lo que se percibe, y los cuerpos se manifiestan y sublevan con la embriaguez, que es una buena rebeldía con causa, agitados como el protagonista de The man with the golden arm (El hombre del brazo de oro, 1955), de Otto Preminger, al son de la música de jazz de Elmer Bernstein y los chutes de la heroína, o los adolescentes de Rebel without a cause (Rebelde sin causa, 1955), de Nicholas Ray, gritando su desesperación proscrita y disidente mientras los encuadres y sus vidas se desequilibran en la noche más negra que se ha visto en el cine, tanto que parece que va a devorarles a dentelladas.

Desistfilm

Pero los jóvenes de Desistfilm deciden que el tiempo está en sus manos. Deciden hacerse moscas, u otras criaturas no domesticadas por los nombres, criaturas que no tienen que ver con los humanos que se aparcan en los contenedores de sus acciones ordinarias, y se desatan y desbocan, porque no hay límites, ni paredes, y su habitación colinda con un bosque en el que danzan, y no tras la muerte como en Det sjunde inseglet (El séptimo sello, 1957), de Ingmar Bergman, sino con la mirada transfigurada, traviesa, que mira a través de la distorsión del vidrio de los vasos, como insectos de mirada procaz que observa a la pareja entregada a la embriaguez de sus cuerpos. Y miran desde fuera, desde donde ya no hay límites, desde el territorio de la noche, desde la rebeldía que se hace risa y transgresión.

 

All comments (0)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Theme developed by TouchSize - Premium WordPress Themes and Websites
X