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Glas

Director: Bert Haanstra | Año: 1958 | Nacionalidad: Holanda

Cuando visionamos Glas, de Bert Haanstra, nos damos cuenta que hasta el más trivial de los encargos audiovisuales, puesto en las manos de un gran artista, puede dar resultados de lo más sugerente. Este es el caso que nos ocupa, un breve documental sobre el trabajo en una fábrica de vidrio, que da lugar a una obra cinematográfica paradigmática y atípica, ganadora incluso del galardón internacional más prestigioso del mundo, un premio Oscar.

El cortometraje del director holandés nace de la idea de un fabricante de vidrio que deseaba ver retratado el trabajo ejercido en su fábrica, la Royal Leerdam Glass Factory. A la hora de plantearse el proyecto, Bert Haanstra nos muestra dos realidades. Por un lado, la labor artesanal de los vidrieros, creando delante de la cámara piezas únicas, manufacturas a partir de la combinación de sus bocanadas de aliento y sus florituras manuales. Y por otro nos enseña la otra cara de la moneda, la fabricación en serie, realizada por máquinas implacables, generadoras de botellas impersonales pero altamente rentables. Todo ello aderezado por un acertadísimo acompañamiento musical de jazz, hecho especialmente para la película, por el cuarteto compatriota Pim Jacobs.

Glas

Bert Haanstra ya había dado muestras de su consabido dominio entre las imágenes y la música, con su obra Spiegel van Holland (1950) ganadora del Gran Premio en el Festival de Cannes (1951), y lo seguirá demostrando con su posterior Zoo (1962). Sin duda, nos encontramos con un creador capaz de plasmar una sensibilidad estética sobre su entorno difícil de localizar en el mundo cinematográfico.

Fiel representante de la corriente fílmica denominada poema cinematográfico o documental poético – de hecho, Bert Haanstra calificó Glas como un ‘cinépoème’ -, las imágenes tienen tanta importancia como la música, funcionando juntas de una manera parecida a las palabras que conforman un poema creando rimas, ritmos, versos o estrofas audiovisuales. Es por ello que el espectador cae en el poder hipnótico de las imágenes de esos artesanos creadores, o de esa máquina machacona que nos manipula para no retirar los ojos de la pantalla. El director holandés logra que nos metamos en la piel de los vidrieros de una manera tan natural como que nos convirtamos en máquinas productoras, encontrando un placer primario en todo el proceso.

Glas

Pero este cine poético no se queda en una mera sensación estética más o menos satisfactoria, sino que, a través de ese ritmo y armonía artística, también se introducen guiños muy ingeniosos a la realidad que nos rodea. Como esa botella que se rompe en la manufacturación estándar, y que debe ser rescatada por la mano de un hombre, avisando al espectador que la máquina necesita al hombre, tanto o más como el hombre necesita a la máquina. También nos hace cómplices de esas singularidades que caracterizan al ser humano, al trabajador del vidrio encendiendo sus cigarrillos, fumando su pipa, que serán desmenuzadas plano a plano, con gran sutileza y brillantez. Incluso nos hace esbozar una sonrisa, imbricando una vez más la imagen y la música, cuando convierte al soplador del vidrio en un trompetista, o al fundidor de vidrio en un pianista acompasado y elegante.

Por último, el hecho de que Glas ganara el premio Oscar al Mejor Cortometraje Documental de 1959 puede dejar una sensación equivocada. La sensación de que este tipo de documentales-poema tenía una gran aceptación entre el público contemporáneo, y nada más lejos de la realidad. Como otras tendencias de las décadas de posguerra, este tipo de cine se extendió a diversos países. En Polonia, por ejemplo, la nueva escuela cinematográfica estatal de Lodz comenzó a cultivar este género con personalidades como Andrzej Munk con Un paseo por la ciudad vieja (1958) o Kazimierz Karabasz con Músicos (1960). En Yugoslavia, jóvenes poetas cinematográficos se concentraron a menudo en algún individuo o en el trabajo de éste, como el film de Vladimir Basara Manos e hilos (1964) sobre la actividad de un telar. Sin embargo este espíritu innovador, basado en la percepción individualista del creador, vivía de espaldas al mercado fílmico. Por todo ello, que Glas triunfara en la famosa noche de la Academia de Hollywood, dando visibilidad a este subgénero entre la masa contemporánea de espectadores, es un éxito añadido a la obra de Bert Haanstra.

 

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