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La Bouche

Camilo Restrepo | 2017 | Francia-Colombia

Por Óscar de Julián

Muy escasas veces el cortometraje universal ha dado lugar a un personaje icónico y reconocible por todos, pero Camilo Restrepo lo está consiguiendo con La Boca. Después de la revelación que supuso La impresión de una guerra, el colombiano afincado en Francia dotó de vida (y de muerte) en Cilaos a este singular personaje, o más exactamente entidad, capaz de dar lugar a todo tipo de significados y sugerencias, todas ellas sugestivas.

Para iniciar al lector en el mundo de La Boca recomendamos la lectura previa de la reseña de Cilaos publicada por Jorge Rivero en esta misma revista. Aquí nos centraremos en la comparación. temática y formal, entre Cilaos y La Bouche. El propio Restrepo afirma que La Bouche es un espejo de Cilaos, aunque tal vez habría que hablar más bien de su complemento perfecto, porque la una completa a la otra.

Cilaos sucede en la Isla Reunión, La Bouche en Guinea. En ambos casos se trata de antiguas colonias largo tiempo expoliadas por metrópolis europeas, y cuyos habitantes nativos han pasado del colonialismo al desarraigo, pues su identidad como pueblo ha quedado, tras la rapiña histórica, profundamente maltrecha. Ambas son, pues, historias locales, pero como ocurre tantas veces lo local deja paso libre a lo universal: Cilaos y La Bouche funcionan en dos direcciones, la denuncia del colonialismo y el relato mítico, intemporal.

Cilaos, de Camilo Restrepo

En Cilaos la protagonista es una mujer cuya madre ha muerto, y llega a la ciudad del mismo nombre para pedirle cuentas a La Boca, su padre desaparecido. En La Bouche, el protagonista es un padre cuya hija ha sido asesinada por La Boca, el marido. La Bouche es lo contrario de Cilaos pero a la vez lo mismo: La Boca sigue siendo un ente sin rostro que siembra la infelicidad tanto entre sus familiares como entre la comunidad entera.

El díptico recuerda no poco al cine antropológico de Pasolini, en el que los no-actores interpretan su historia personal (La Bouche está basado en una experiencia real de su protagonista, el percusionista guineano Mohamed ‘Diable Rouge’ Bangoura) o la historia de los suyos, restituyéndoles, ética y estéticamente, la memoria de su pueblo. O a Glauber Rocha, cuyas imágenes, a veces cargantes a veces fascinantes, construían un mundo a caballo entre la tierra y el cielo, entre el análisis marxista de la realidad y la leyenda más allá del espacio y el tiempo.

Hay otro personaje fijo en el díptico: la Sierra. En Cilaos la mujer cuenta una fábula entre una sierra y un árbol: este le pide a la sierra que deje de cortarlo, y la sierra contesta que no es más que un instrumento al servicio de las manos que la hacen funcionar. La Bouche desarrolla las posibilidades de este relato: aquí es un diálogo entre la sierra y las manos que la manejan, y en el que aquella intenta inútilmente rebelarse contra estas. Sierra, Boca, personajes, iconos que se alimentan el uno del otro.

Pero la sierra de Cilaos está más conseguida que la de La Bouche. En Cilaos, a Restrepo le basta con un primer plano, sencillo pero contundente, de la mujer contando la historia. En La Bouche esta se visualiza con un concepto estupendo: mientras el hijo la cuenta, el padre se atormenta sobre un leño cortado en mitad de un páramo. Pero los conceptos no son lo mismo que los resultados: la escena resulta algo retórica, y el actor que interpreta al hijo (tal vez el propio hijo de Bangoura) carece de la convicción que sí mostraba la mujer de Cilaos.

La Bouche gana enteros, y muchos, con su propuesta musical, aún más lograda que en Cilaos. En esta la adopción del musical tribal como método para contar la historia convencía por su novedad, en La Bouche por su resolución: las filmaciones de las actuaciones que comentan la acción son espléndidamente expresivas. A medio camino entre el musical tradicional y la ‘performance’, alternando planos largos en movimiento con nerviosas cámaras en mano, Restrepo transmite toda la rabia de los personajes que rodean al padre, y encuentra así una manera inmejorable de transformar lo individual en colectivo: el dolor del padre es el dolor de toda la comunidad. Rabia que estalla en un clímax extraordinario, en el que el padre / Bangoura expresa musicalmente sus sentimientos encontrados, su furia contenida.

Finalmente, tanto Cilaos como La Bouche se inspiran en el cine más activista de los 60-70. Ya hemos hablado de Pasolini o Rocha, y podríamos hablar, igualmente, de la propia textura de ambos films, un 16 mm que inevitablemente evoca al cine de guerrilla de aquel tiempo. De hecho, o al menos eso es lo que yo quiero ver, algunos de los acordes más sugerentes de La Bouche tienen que ver con la textura: El grano del 16 mm desdibuja algunas imágenes, y ese carácter borroso las torna casi oníricas, las dirige hacia nuestro inconsciente. Planos como aquel en que el pelo enredado de las cantantes-bailarinas se difumina en líneas cinéticas, rabiosas, o aquel en que las manos de Bangoura tocando el Djembé casi parecen perder su materialidad, transformarse en dolor puro, mientras un sencillo plano de unas hojas azotadas por el viento parece presagiar la tormenta.

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