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Shoulder Arms

Charlie Chaplin | 1918 | USA

Por Ismael Juárez

A Chaplin le aconsejaron que no hiciera la película. Reírse de la guerra, de la Gran Guerra, de la guerra más grande y bestia conocida hasta entonces entrañaba demasiados riesgos. Más aún tras las críticas que Chaplin había recibido por no volver a Inglaterra, su país natal, para incorporarse a filas.

Pero Chaplin no hizo caso y apostó por esta historia. Y acertó. La película, contra muchos de los pronósticos que se habían hecho en Hollywood, fue un auténtico éxito, el mayor de todos los que hasta entonces había cosechado Charlot desde la creación del personaje en 1914. Shoulder Arms (¡Armas al hombro!), según cuentan las crónicas, era especialmente querida y disfrutada por los veteranos que regresaban a Estados Unidos desde la vieja y destruida Europa.

Chaplin había previsto que Shoulder Arms tuviera bastante más duración, pero tal y como reveló años más tarde el documental “Chaplin Desconocido” (1983) hubo escenas que se cortaron por la censura, no por criterios artísticos. Porque al fin y al cabo, esta película, como otras que se realizaron entonces sobre la guerra, tenía la sutil vocación de animar a los jóvenes a alistarse.

Armas al hombro

Claro, esto es ¡Armas al hombro!, y su director es Chaplin, un director conocido por su pacifismo, y decir esto parece casi una blasfemia. Pero lo cierto es que a pesar de que la lectura que se hace o se ha querido hacer de esta cinta es la de un pacifismo sin ambages y claramente chaplinesco, en realidad puede también matizarse que Chaplin imprime su genialidad a una película que pretendía levantar la moral nacional, por eso Hollywood le permitió llevar a cabo semejante osadía, reírse de una guerra en curso. Aunque, poco hizo en ese sentido, ya que este mediometraje se estrenó el 20 de octubre de 1918, solo unas semanas antes de que terminara la guerra. Tal vez por eso la crítica disimulada de este film no acabó molestando a nadie, muy al contrario, la elevó a un taburete donde desplegar su discurso antibelicista, algo que es cierto solo en parte.

Hay escenas antológicas que convierten a Shoulder Arms en un absoluto disfrute. Como siempre, Chaplin consigue que las penurias de su personaje universal, esta vez en la guerra, sean una sucesión de situaciones cómicas inolvidables. Y aún así resulta sorprendente el realismo de las trincheras mostradas en la película, eso sí, como escenario de muchas de las hilarantes situaciones protagonizadas por Chaplin.

Armas al hombro

Como ya he dicho, es cierto que en clave cómica hay cierta denuncia de las condiciones de los soldados aliados que han ido a combatir, pero al final donde las risas se vuelven más sonoras es en la forma en que Chaplin disfrazado de árbol se burla y vence a unos temibles alemanes. Cabe decir, eso sí, que no caerá en la burda caricaturización. Al menos no con el exceso y casi la vergüenza ajena con la que se visionan otras películas de aquel año, como el largo Hearts of the world, de D. W. Griffith, otra vez Griffith, el gran director que siempre encuentra la disculpa perfecta para salpicar con sus prejuicios cualquier historia.

Si hay una pega que ponerle a esta película tal vez sea el final. Un final que hoy en día resulta insulso, un cliché, algo muy usado en la historia del cine, demasiado, un recurso fácil para unos ojos de 2018, pero un final al que conviene situar en su época, cien años atrás, para hacer justicia y rendir honores a esta gran cinta de Chaplin que es ¡Armas al hombro!. Sin duda un gran mediometraje, no solo de su filmografía, sino de toda la historia del cine.

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