Cargando contenidos…
{"ads":[],"mobile_ads":"Y"}

The Centrifuge Brain Project

Director: Till Nowak | Año: 2011 | Nacionalidad: Alemania

Paso directamente a la acción: The centrifuge brain project (El proyecto de centrifugado cerebral) es un caramelito, un juego placentero y disfrutón que precisamente por ello no necesita de mucho análisis, como leer por primera vez el “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí” de Monterroso o tomarse el helado favorito sin necesidad de que haga mucho calor.

Pero esto es empezar por el final, así que vuelvo al principio, o al menos a lo que fue el principio para mí.

Yo es que no sé si a todo el mundo le pasa, pero a mí, desde JJ Abrams (Lost, Fringe, etc.) a esta parte, me viene ocurriendo que cada vez que veo a tíos con batas blancas rodeados de teorías místico-científicas conspiratorias de los 70 rodadas a saltitos en super 8 me echo un poco a temblar. Pienso: “¡Zas! Otro flipado de Abrams…”, y la verdad, paso miedo por el cortometrajista en este caso: empiezo a temerme que haya caído bajo el innegable influjo del mundo JJ y que, como él, haya olvidado la coherencia de su creación siempre y cuando haya paredes sucias, modelos aguerridas y aparatitos de Bratislava que emiten señales sonoras terminadas en contundentes crescendos musicales (elementos todos ellos de también innegable encanto, todo hay que decirlo).

Dharma Lost

Doctor Pierre Chang en Lost

No tengo nada en contra de J.J., entiéndase (excepto lo de la coherencia), de hecho antes de él ya éramos muchos los flipados de las teorías místico-científicas conspiratorias de los 70 y de Bratislava, pero el mundo de los monopolios crea prejuicios. Abrams pareció firmar unilateralmente la patente de la ciencia en el audiovisual, que es un mundo muy de modas y bastante inclemente según el cual, como algo se establezca, ay del que se atreva a venir con otros aires. Entrar, pues, en la ciencia audiovisual después de Abrams, se convierte, digámoslo rápido, en misión sólo apta para osados y aventureros. Y aquí es donde empieza lo interesante del Proyecto, porque por suerte para mí, para el venerable cine científico e incluso para el propio Abrams, el audiovisual ya cuenta con su propio lugar oficial para osados y aventureros: el cortometraje.

El corto es al cine lo que la noche del viernes a la semana: libertad. Y qué paradoja: de eso, de la libertad, va precisamente El Proyecto de Centrifugado Cerebral. (¡Qué bonito, si es que hasta decir el nombre mola!).

Como reacción así más reactiva diré que lo primero que a uno le dan ganas de hacer después de ver el Proyecto es meterse en la lavadora y activar un programa largo para ver si con la fuerza centrífuga del tambor se le espolean los instintos de libertad. Pero de libertad con apellidos: libertad de teoría conspiratoria místico-científica de los 70.

Sobre los 70 hay que aclarar que los del Proyecto no son los reales 1970-80, sino los 70 de nuestras cabezas de hoy, es decir, una versión idealizada hecha de fotos de Instagram y sobre todo de gente audaz que experimenta con prácticamente todo, algo así como el último bastión de la locura maravillosa, un estado mental activo y por qué no lúdico, cuyos máximos exponentes podrían ser las pelis conspiratorias a lo Alan Pakula, los campus universitarios liberales de la primera parte de Marathon Man y, por supuesto, los Muppets (en España, lo siento, no tuvimos de todo eso). Estos 70 enganchan a cualquiera, llámese Abrams o Till Nowak, director del Centrifugado.

The Centrifuge

Así que, partiendo de estos 70-estado mental, requisito si no imprescindible sí más que evocador, los presuntos artífices del centrifugado cerebral parten de su libertinaje asociativo para pensar que por qué no alentar conexiones neuronales sometiéndolas a una fuerza natural tan cotidiana como es la centrífuga. Y ya, puestos a pensar en quijotadas deliciosas, qué mejor para recrear el efecto centrífugo sobre el cerebro que una atracción de feria, que añade además la necesaria parte lúdica de la que todos los grandes hallazgos científicos participan. Y los resultados, tanto de la investigación ficticia como del corto, son los que siempre se obtienen cuando se pone en marcha la liviana y compleja maquinaria de la imaginación: inagotables, sorprendentes, audaces, graciosos, inteligentes, estimulantes.

El Proyecto de Centrifugado Cerebral es al fin una muestra de lo mismo que precisamente propone: ¿y si tomamos todos los elementos que ya existen y los relacionamos de un modo que en principio no existe? Es entretenido y gratis. Y crea. Es un click mental que todos tenemos varias veces al día, pero al que no solemos hacer mucho caso, quizás porque si todos a un tiempo nos diéramos cuenta de que tenemos en nuestra imaginación todo lo necesario para ser mentalmente felices todo el tinglado en el que andamos metidos cada día se caería, y a los bancos y las sicav no les gustaría. Pero el hecho es que ese click de “hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, de las que sospecha tu filosofía” que desde los 70 este intrépido grupo de científicos quiere recrear es ni más ni menos que ese estado de ánimo que consigue crear este corto y según el cual el mundo no es tanto el mundo como el cúmulo infinito de posibilidades que tenemos al mirarlo. Sólo por decirnos eso y por hacérnoslo disfrutar decía al principio empezando por el final que este corto es un caramelito, un juego placentero y disfrutón que precisamente por ello no necesita de mucho análisis, como leer por primera vez el “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí” de Monterroso o tomarse el helado favorito sin necesidad de que haga mucho calor.

Y ahora sí, esto es el final.

 

All comments (0)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Theme developed by TouchSize - Premium WordPress Themes and Websites
X