A finales de la pasada década el español Chema García Ibarra parecía el rey de Sundance: sus cortos El ataque de los robots de Nebulosa-5 (2008) y Protopartículas (2009) ganaron sendas Menciones de Honor en sus respectivas ediciones. Desde entonces la representación de España en el festival estadounidense había sido escasa. Pero este 2018 no ha podido empezar mejor: el ya imprescindible Matria de Álvaro Gago, Corto del Mes en Cortosfera, Primer Premio en Alcine y Aguilar de Campoo, seleccionado en el próximo Clermont-Ferrand, vuelve a sorprendernos al obtener el Gran Premio del Jurado (o sea, el Gran Premio de Cortometraje) de Sundance 2018.
Matria es, sin duda, un corto que ha llegado en el momento oportuno, aprovechando el flujo de la convulsión social y cultural que traen consigo las últimas tendencias del feminismo. Un corto que parece acompañar inmejorablemente al espíritu del momento. En cualquier caso es un corto espléndido, con la energía de un icono, que probablemente conservará toda su fuerza con el paso del tiempo (tal vez envejezca la visión del marido como un completo inútil que no es capaz ni de calentarse la comida en el microondas, pero poco más). Veamos qué sucede en Clermont, porque Matria avanza imparable.
El otro corto ganador de Sundance no figura en el Palmarés. Tampoco lo necesitaba. La nueva entrega de World of tomorrow de Don Hertzfeldt, subtitulada The burden of other people’s thoughts (EEUU), despertó las lógicas expectativas, y a tenor de los entusiastas comentarios publicados en los medios no defraudó en absoluto: escrito nuevamente a partir de grabaciones de audio de la sobrina de cinco años de Hertzfeldt, World of tomorrow Episode Two descubre cómo Emily Prime, la niña protagonista, barre el cerebro de un clon suyo del futuro, cuando este se disponía a reiniciarse. A raíz de lo que se adivina en el hipnótico trailer, Hertzfeldt ha abandonado su gamberrismo ‘nerd’ para zambullirse de lleno en el terreno de la más amarga distopía. Como suele ocurrir, los cómicos acaban saliendo del armario para revelar su lado trágico largo tiempo reprimido.
Pero no fue World of tomorrow Episode Two la que ganó la Mejor Animación. Fue Glucose de Jeron Braxton (también de EEUU). Este trabajo, que puede verse íntegramente en la red (y por lo tanto lo ofrecemos aquí mismo), es una rayada inspirada en la estética del internet y los videojuegos antiguos, en una línea similar al David O’Reilly de Please say something (2009). Pero si O’Reilly suele ser capaz de conformar una fascinante cosmogonía, en el caso de Braxton todo parece quedarse, de momento, en apuntes dispersos (aunque puede que para los estadounidenses resulte todo más claro, más orgánico). En cualquier caso algunos de esos apuntes son muy sugestivos: por ejemplo, la niña de la ventana del minuto 8’15.
La Mejor No-Ficción volvió a poner sobre el tapete un tema preocupante. Sovdagari / The trader de Tamta Gabrichidze (Georgia) describe un curiosísimo lugar en el que la moneda de cambio del mercadillo es… la patata. Un simpático punto de vista que no se les escapó a los responsables de Netflix, que exhiben el documental en exclusiva en la red. Otra vez Netflix.
Quede claro que no estamos criticando que Netflix apoye al cortometraje, ni mucho menos que la plataforma pueda concursar en los festivales o apoyar a los títulos que se le antojen. Y tampoco estamos poniendo en duda la valía estética de los títulos auspiciados por Netflix. El problema surge cuando todo empieza a ser Netflix, HBO, Pixar (y por tanto un gusto y un estilo estandarizados, uniformizados), y cuando las grandes compañías copan los reconocimientos más notables a causa de un criterio reductor y perezoso por parte de votantes o jurados. Un tema que desarrollaremos más extensamente en un futuro próximo.
En el ámbito de la Ficción, la Mejor Ficción Internacional correspondió al intrigante Would you look at her? de Goran Stolevski (Macedonia), en el que una ‘tomboy’ de fuerte carácter descubre la improbable solución de todos sus problemas en un ritual religioso masculino. Por su parte, la diversión pura y dura (con su punto de denuncia, eso sí) vino de la mano de la Mejor Ficción EEUU, Hair Wolf de Mariama Diallo, que partía de un planteamiento que haría las delicias de John Waters: en una peluquería de Brooklyn, las residentes locales (todas ellas con fastuosos peinados imposibles) se defienden de un nuevo monstruo: mujeres blancas que quieren chupar la sangre a la cultura negra. No es que renueve los esquemas del Terror + Comedia + Pop de Peluquería, eternamente fieles al sacrosanto The Rocky Horror Picture Show, pero lo cierto es que, primero, la historia acaba revelándose como una ingeniosa alegoría sobre la gentrificación, entendida no ya como desastre urbanístico, sino como fenómeno de vampirismo cultural; y segundo y más importante, Hair Wolf tiene momentos y detalles realmente divertidos (¡esa vampira blanca que parece Victoria Beckham!).
Y como en Sundance no faltan premios (solo con los títulos galardonados podría programarse un festival entero), el Palmarés se completó con no una sino tres menciones especiales, todas ellas procedentes de Norteamérica: una de EEUU, Emergency de Carey Wiliams; y las otras dos de Canadá, Fauve de Jéremy Comte y For Nonna Anna de Luis de Filippis.

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