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Love Games

Director: Joung Yumi | Año: 2013 | Nacionalidad: Corea del Sur

La principal razón por la que alguien desea ser crítico de cine no es la de poder juzgar, poner notas, decir qué está mejor o peor. La principal razón es la de poder escribir sobre aquello que realmente le inspira o le fascina, y si hay suerte transmitir al lector al menos una mota de esa fascinación. A mí, por ejemplo, me ocurre con los cortos de Joung Yumi, una animadora coreana que hace trabajos extremadamente sencillos, pero que sin embargo siempre acaba arrebatándome.

Me ocurrió por primera vez en el 2009, con una preciosa miniatura llamada Munjiai /Dust kid. En apariencia era poca cosa. Con un dibujo en blanco y negro de trazos esenciales, delicado y exquisito, contaba cómo una mujer joven, mientras limpiaba la cocina, encontraba niñas desnudas, frágiles y diminutas, en todos los rincones: en el cajón, en el azucarero, en la cuchara. Al principio intentaba que desaparecieran, pero siempre volvían, y al final las aceptaba y hasta las arropaba. Tal vez esas niñas eran la infancia que esa mujer quería olvidar, o su inocencia, o su dulzura. Había muchas lecturas posibles, pero la fuerza evocadora de Dust Kid se sacudía de un plumazo todas las interpretaciones. A algunos no les dijo nada. Otros sentimos que esa mujer era todos nosotros.

Descubrí que Yumi no era una desconocida: Dust Kid había participado en la Quincena de los Realizadores de Cannes, y su siguiente corto, Math Test, lo hizo en la Sección Oficial de Berlinale Shorts. Y también fue en la Berlinale donde se estrenó Love games, esta obra aparentemente chiquita que volvió a conmoverme profundamente. Este año ha podido verse en el Labo de Clermont, pero no tengo noticia de que se haya visto en España o Latinoamérica. Ojalá este artículo llame la atención a aquellos que podrían presentarlo en su certamen.

Love games es una pieza aparentemente sencilla: una pareja, de aspecto formal y respetable, dibuja un rectángulo en la arena, y tras descalzarse se introduce en él para llevar a cabo juegos infantiles: fiesta del té, origami, escondite, médicos y enfermeras… Sólo la sucesión de juegos ya resulta cautivadora, contemplando cómo dos personas recuperan, como en Dust kid, su infancia perdida.

Love games

Pero, atención, se trata de juegos de amor. Y ahí es donde Love games alcanza una riqueza insospechada. Cada juego es como un paso adelante en el ritual amoroso: el primero, la fiesta del té, es un rito de conocimiento social; a continuación, el origami (la papiroflexia) representa el primer cortejo, en el que el chico regala flores de papel a la chica; luego, un púdico juego que supone el primer contacto físico entre ambos: la chica se vuelve, el chico toca el cuello de ella con uno de sus dedos, y ella debe averiguar con qué dedo le ha tocado… A estas alturas del juego ya no hay duda de que la pareja está escenificando, en clave infantil, su propia historia amorosa.

Hasta que uno de los juegos deja patente que esa inocencia recobrada no es más que eso, un simple juego. Cuando llega el turno del escondite, el chico no consigue encontrar a la chica… y aparece en él la primera expresión de amargura, porque ese pequeñísimo revés le recuerda el primer desencuentro que vivió con su pareja. Y a partir de ahí todo se vuelve doloroso: cada nuevo juego va revelando, a través de detalles nimios (un resbalón, un tirón brusco, un pequeño golpe) cómo el amor real de la pareja se contaminó poco a poco con la falta de armonía, la prepotencia, la incomprensión, la soledad. El juego se revela como un reflejo de la realidad: los pequeños detalles evocan los grandes fracasos emocionales. Todo este ritual les hace reconocer, y revivir, cómo su pasión mutua fue erosionándose hasta desaparecer.

Love Games

En ningún momento se pronuncia una palabra, y no hay acompañamiento musical alguno. Todo se expresa a través del lenguaje de los cuerpos, los rostros, las manos, todo ello animado con trazos simples que, sin embargo, transmiten una turbación poco común: cada gesto de Love games está lleno de significado, relaciona a la perfección amor infantil y amor adulto, pasado y presente, representación y sentimiento. Y con qué sensualidad: el sonido de los besos furtivos, los golpecitos en la frente, los jadeos mientras intentan coger una galleta colgante con los ojos tapados con un antifaz, recuperando fugazmente el gusto por lo prohibido…

El amargo ritual sólo puede acabar con el juego de los muertos, o lo que es lo mismo, con la muerte del amor. A los dos antiguos amantes sólo les queda la constatación de su fracaso amoroso. Aunque, quizás, después de haberlo revivido hayan entendido mejor por qué, a pesar de todo, siguen juntos. Sólo entonces aparece la música, una sonata de Scarlatti, tan bella como inevitablemente triste.

Al final, para Yumi, el amor no es más que un juego con los pasos marcados de antemano, pero la pasión, la plenitud, el desconcierto, el desengaño y la desesperación sí son reales. Y con eso hay que seguir viviendo.

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