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After the credits

Director: Josh Lawson (2011) Australia |

La escena final de The apartment (El apartamento) ya forma parte de nuestra memoria emocional.

C.C.Baxter: “Señorita Kubelik, estoy enamorado de usted”. Fran le tiende una baraja y responde: “Cállese y juegue” («Shut up and deal»).

Baxter comienza a repartir, Fran se despoja del abrigo que le regaló Sheldrake. Baxter comprende. Ambos sonríen.

Final de The Apartment

¿Final feliz? Bueno, lo cierto es que esta conclusión resulta de lo más desconcertante. Ambos han recuperado la autoestima y el respeto mutuo, pero a la vez han perdido el trabajo y el amor por el que tanto han luchado, y es muy probable que el jefe Sheldrake, que a buen seguro les guardará rencor, mueva sus hilos para hacerles la vida imposible. Además, Baxter y Fran se adoran, pero de ninguna manera Fran está enamorada de Baxter. Efectivamente, no queda otra opción que jugar.

Alguna vez nos hemos preguntado: después del The End, ¿qué les pasa a Fran y Baxter? La escena que nos gustaba imaginar era la de una pareja con dificultades económicas pero muy unida y feliz, unión que les permitía salir adelante… Pero esa imagen duraba poco, pues en el fondo sabíamos que había en ella algo de impostura, que no era sino un deseo ilusorio por nuestra parte.

Así pues, ¿qué pasa después del Presunto Final Feliz?. Partiendo de esta premisa, el director australiano Josh Lawson ha realizado una pieza encantadora llamada After the credits, a estas alturas uno de los cortos de comedia más celebrados de los últimos tiempos, y que en España ha podido verse hace muy poco en el Festival de Jóvenes Realizadores de Granada. Atención, pues, a su inclusión en próximos certámenes.

After the credits comienza como una comedia romántica en toda regla y con todos sus tópicos bien puestos. Veamos. El chico abandona a la novia en el altar, y detiene un taxi que debe llevarle raudamente al aeropuerto, Allí está la chica que realmente ama y que le ama.

Esta, hundida porque cree haberle perdido para siempre, ha decidido romper con todo: en un arrebato ha dejado su casa y comprado un billete de ultimísima hora para volar Australia – Londres.

Después de unas escenas de suspense, en las que los controles del aeropuerto no logran detener el ímpetu de la pasión, el chico llega a la puerta de embarque, confiesa su amor a la chica delante de todos los pasajeros, y chico y chica se unen definitivamente con beso eterno de por medio. Rollo de títulos finales.

Foto felíz

Hay que decir que, por muy tópica que sea, esta primera parte ya es bastante divertida. Todo avanza con buen ritmo, los actores tienen encanto, y los estereotipos están tan idealizados que la historia cobra aires de musical.

Pero lo que confiere su personalidad a After the credits es lo que sigue. De repente, el rollo de créditos se acelera, y volvemos a la pareja en el momento justo en que la dejamos. A partir de ese momento, todo ese mundo idealizado da paso a la lógica implacable de los acontecimientos. Los actos tienen consecuencias. Amargas para los personajes. Divertidas para el espectador.

Así, y sin forzar la máquina en exceso, suceden cosas como estas:

La chica se ha quedado en tierra con su chico. Eso significa que hay que bajar su maleta, y eso hará que el vuelo se retrase y que el piloto pierda su conexión. La chica recibe una bronca del piloto. Sólo es el principio.

El chico tenía tanta prisa que dejó todos sus objetos personales en el control policial. Al no retirar esos objetos, la policía los ha pasado a cuarentena, y el chico no tiene ni documentos ni cinturón ni dinero para pagar al taxista. La chica le reprocha que haya tenido tan pocas luces; el chico, algo molesto, replica que lo ha hecho para no perderla; y ella le contesta que nada de esto hubiera pasado si él le hubiera confesado su amor sólo un día antes. En menos de cinco minutos ya han tenido su primera discusión…

No desvelaremos más. El corto hace gala de un excelente guión que va desgranando cómo, por mucho amor que haya por medio, los miedos y egoísmos de la vida cotidiana, la sombra del dinero y el alquiler de la casa, quién paga qué, si vamos a vivir juntos o no, el juego de las apariencias, y por encima de todo, las frases a destiempo, todo hace terriblemente dificultosa la vida de la pareja. De cualquier pareja. After the credits revela la profunda falsedad que se esconde tras el amor ideal y la comedia romántica, en un tono que recuerda a la imborrable Two for the road (Dos en la carretera).

Foto amarga

After the credits es cine de guión y actores. La puesta en escena es más bien funcional, aunque, eso sí, la manera de contar la historia cambia radicalmente antes y después de los créditos ficticios. Antes es una planificación dinámica, con estilizados travellings circulares y todo, y con una música rimbombante. Después, las imágenes se hacen más frontales, más prosaicas, y la música casi desaparece para dar paso al sonido ambiente, mal ambiente, del aeropuerto.

Y en efecto, el gran hallazgo, la acción transcurre en un aeropuerto. Un espacio que no sólo da juego para excelentes situaciones cómicas y dramáticas, sino que, hoy por hoy, y por las razones que todos conocemos, se ha convertido en el escenario de un nuevo absurdo, un cementerio viviente en el que los sentimientos humanos chocan con un sinsentido incontrolable, se quedan paralizados, enquistados en este lugar que muy bien podría ser la antesala del infierno.

Cuando por fin consiguen salir del aeropuerto, el chico pregunta: “¿Tendremos dinero para pagar el taxi?”. De poco servirá que le diga a la chica, una vez más, que la quiere. Sólo ha sido necesaria una hora para que el paraíso se derrumbase.

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