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Alles wird gut

Director: Patrick Vollrath (2015) Alemania-Austria |

Hay cortometrajistas y cineastas en general que siguen apostando por dirigir una mirada realista a las neurosis y desajustes que imperan en nuestras sociedades. Es el caso de Patrick Vollrath en el corto que nos ocupa, Alles wird gut / Eveything will be ok. En él se ocupa Vollrath de los conflictos que generan las custodias compartidas de menores en los padres y en los propios menores. Asunto espinoso y sembrado del peligro de caer en el melodrama. Y sin embargo, Vollrath sale airoso, apoyado en un guión que aborda el drama con un tono cercano al ‘thriller’ en la primera mitad del metraje y con una contención muy de agradecer cuando se acerca al nudo y el desenlace dramático.

Alles wird gut

En efecto, desde la primera secuencia el corto genera una cierta tensión, propia desde luego de la historia que cuenta, pero que al tiempo interesa y atrapa al espectador mediante el uso de esos mecanismos propios del ‘thriller’ a los que aludíamos. Durante esa primera mitad no sabemos muy bien lo que va a pasar, al punto de temer por la suerte de la pequeña coprotagonista del film. Y hay en el trato que el director da en el guión a la relación entre los personajes y el espectador, un acierto muy reseñable, y es que aunque el espectador adopte al principio el punto de vista del otro coprotagonista (el padre), a medida que el corto avanza, es el punto de vista de la niña el que se impone, pero este giro se realiza de una manera muy sutil, casi imperceptible. De la misma manera, los propios personajes están muy bien escritos y describen un arco muy verosímil, lo cual es ya difícil hacerlo de por sí, cuánto más cuando tratamos con un personaje infantil. Y repite Vollrath sutilezas de guión – oséase, una forma de tratar al espectador como a un ser inteligente – en varias ocasiones, como el juego de miradas (más bien de no miradas) entre los adultos en la primera secuencia o el hurto del móvil fuera de campo por parte del padre. Uno agradece esta manera de escribir.

No hay música en este corto (¡benditos sean los cineastas que no usan música porque de ellos será el reino de la verosimilitud realista!), pero sí que hay muchos sonidos y ruidos cotidianos (esos timbrazos iniciales…), que contribuyen a ese tono neurótico que adopta el film. Muy a la manera – tanto esto, como lo que reseñábamos antes -, de Haneke (con el que se formó en una época Vollrath, en la FilmAkademie Wien); un Haneke suavizado, claro, menos cortante, sin su bisturí.

Mención aparte merecen las interpretaciones y la propia dirección de actores, que hace posible plasmar ese arco que describen los personajes al que aludíamos más arriba. Sabe contener Vollrath a sus actores, que por lo demás están estupendos en sus papeles. La interpretación de la actriz es sencillamente asombrosa: cómo mira a su padre cuando empieza a darse cuenta de lo que pasa, con qué fuerza y habilidad transmite esta cría la complejidad del conflicto entre el amor que le tiene a su padre y lo que considera que no está bien hecho por su parte. Un personaje infantil inteligente y complejo excelentemente interpretado. Poco común en el mundo del corto (y del largo, qué narices).

Una fotografía naturalista muy lograda y una gran capacidad para captar de manera sobria el runrún de la vida cotidiana en que se enmarca la historia terminan por redondear un trabajo muy recomendable del que termina clavándose en el espectador la tremenda soledad del protagonista. Y de todos nosotros, en realidad.

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