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Asunto de gallos

Director: de Joan Gómez (2011) Colombia |

Amparado por el Premio Corto en Construcción del Festival Internacional de Cine de Guadalajara, uno de los festivales más importantes del mundo, Joan Gómez realiza hace un par de años su segundo cortometraje, después del más irregular *Días de arena”, con el que ha circulado por distintos certámenes, como el Festival de Cine Latinoamericano de Finlandia–Cinemaissi, el Festival de Cine Latinoamericano de Flandes, la sección Fronteras del Festival Internacional de Cortometrajes de Rio de Janeiro, o la Sección Internacional del pasado Clermont-Ferrand.

Asunto de gallos reduce su contenido a la mínima expresión para condensar la trama en lo justo, haciendo valer aquello de que menos-es-más. De entrada nos sitúa en el escenario principal, con gran poder simbólico, el coso de arena donde se escenifican las peleas de gallos, muy populares en Colombia, y detrás de las que se mueve mucho dinero en apuestas. Un detalle que rápido se da a conocer cuando un par de sicarios vienen a cobrar una deuda contraída por un criador de gallos. El hombre ha dejado atrás sus mejores años de juventud, pero sigue siendo un tipo peleón y desafía a los matones hasta la irrupción de su hijo, un tipo callado y concentrado, que también sigue la profesión de su progenitor.

Asunto de gallos

Tras este episodio se accede a la vida doméstica de ambos. El joven mantiene su expresión ensimismada y callada y el clima de estas secuencias van descubriendo el enfrentamiento latente entre dos generaciones, una que lucha por mantener su posición de jefe familiar, mientras que en el otro la independencia y la juventud pugnan por despegarse de la autoridad paterna. Un enfrentamiento que tendrá su extensión pocos días después, cuando en la arena se enfrenten los gallos criados por padre e hijo en una competición que va más allá de las apuestas; cuanto más, la situación del viejo es más comprometida debido a sus deudas.

La historia se resuelve de la misma forma en que se ha ido planteando: contundente, sencilla, parca en palabras y gestos, pero plena de significado. El viejo derrotado por el joven, el padre superado por el hijo, una generación que debe dejar paso a la siguiente y aceptar la ayuda de quien hasta ahora consideraba más débil, asumiendo el principio de una decadencia inevitable. Un ciclo vital inexorable y triste para unas personas que, como los gallo, han de sobrevivir en una dura pelea cotidiana, hasta que se ven doblegados por un rival más fuerte, más joven o más ingenioso.

Asunto de gallos

Asunto de gallos resuelve con sencillez sus intenciones. Busca en todo momento la efectividad del relato y desvela una mirada observadora que procura no cargar las tintas en lo sensiblero, ni ampararse en el exotismo de un universo oscuro, visceral y cruento. El submundo de las peleas de gallos es un reflejo de la personalidad desafiante de los protagonistas, el escenario en que sus conflictos personales, generacionales y familiares se resuelven y Joan Gómez no pretende trascender mucho más con él. Aportar un elemento de vistosidad, colorear la historia con una realidad algo pintoresca, pero teniendo siempre en mente las prioridades del relato. Todo esto se ve apoyado además en una puesta en escena consecuente y un gran trabajo de cámara y sonido, que dan un buen empaque estético al conjunto, procurando subrayar lo justo una acción que fácilmente podría caer en el exceso y prestando la atención justa a los aspectos emocionales de la historia, sin efectismos grandilocuentes.

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