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Beach week

Director: David Raboy | Año: 2015 | Nacionalidad: EEUU

Beach week (2015), de David Raboy, es una película escindida. En sus primeros pasajes, alguien no viene. En su segunda parte, alguien desaparece. Una y otra son amigas íntimas. O lo han sido. Dos voces que se alternan, dos perspectivas ya opuestas que no se encuentran. Un mismo escenario pero ya nada es lo mismo. Una nueva reunión en una cabaña junto al mar, un verano después, pero ya no son quince sino solo cuatro, y una no se sabe dónde está, si retornará o no. Dos miradas en una estructura narrativa que refleja una disociación, cuando ya no se sabe quién está y quién no, cuando las presencias ya son inciertas, y no se sabe si son fantasmas, recuerdos, o figuras que simplemente ya no son, porque la mirada ha cambiado. Una, Laura (Hannah Gross), mira desde fuera esa casa y se lamenta de que sea el último verano de una etapa de la vida que se acaba. Deja atrás unas vivencias que aún siente en su piel y que nunca imaginó que ocurrieran, que fueron sueños y ahora serán recuerdos. Rompe amarras con ese espacio de ilusión que aún asemeja refugio que es la primera juventud, y siente que se embarca en el incierto océano de la vida. No sabe si puede dejar atrás esa vida que parecía un sueño, entre fiestas y bailes y amores en la orilla del mar. No puede afrontar aún que ya sólo sean escenarios vacíos, como si la vida los hubiera abandonado.

La otra, Natalie (Jana Fredricks), mira desde dentro, y siente que algo falta. No sabe ya quiénes son. Siente que su mirada ya es un agujero negro. No sabe ya quién le mira. No sabe si los necesitas ya en su vida. Parecían ser todo y ahora son nada. Quizá solo haya pasado un año como intervalo, pero el escenario se ha transformado de modo radical, o más bien su modo de mirar, de sentir. Lo que compartió ya es relato, lo que fue ya no es, porque ya se deshilachó el lazo que le unía a aquellos con los que compartió aquellas experiencias que suponían un ritual de paso de la adolescencia a los primeros cimientos de la vida adulta, cuando se cruza el umbral hacia la universidad, cuando eres aún un adolescente pero ya ‘estás viviendo la vida’. ¿Qué es lo que falta? se pregunta, y sus cuerpos desaparecen, o quizá no sus cuerpos, es su mirada la que ya no los siente, ya son figuras con las que siente una creciente distancia que se convierte en aislamiento porque ya no se siente con ellos. Y lo que falta puede ser una mirada en la que se reconozca. Despierta y su amiga Laura no está, pero quizá es ella la que ya no está. Y recibe por fin su llamada, precisamente tras discutir aceradamente con tus otros tres amigos, o los que se van deshilachando como amigos. Su voz es entrecortada porque hay problemas con la cobertura, como entrecortada es la comunicación con todos ellos, pero cuando la llama de nuevo advierte que el teléfono está en la misma casa. Estaba pero no está, y mira hacia afuera, hacia la bruma, desde el interior de la casa, desde el interior donde ya no está, y siente miedo, porque su amiga ya no es una figura que desee que vuelva, no es alguien que añore de verdad, aunque fuera su amiga más íntima. Y cuando se entrecorta cada vez más la comunicación sólo queda el silencio. Lo que teme es lo que desea, su aislamiento es su anhelo de separarse de aquellos con quienes ya no siente que conecta.

Beach week

Beach week, tercer cortometraje de Raboy, galardonado en el festival de Vila do Conde, es una fascinante propuesta fantástica que se sumerge en las mismas abstractas corrientes de extrañeza de It follows (2014), de David Robert Mitchell. Demuestra, como esta, que hay otros senderos más allá del adocenamiento en el que parecía sumergido el género fantástico. Y ambas los exploran con sorprendente inventiva. El umbral de las modificaciones en la juventud, cuando comienza a transformarse la mirada, a definirse, y la relación con el pretérito se escinde entre la nostalgia y el rechazo, se hace cuerpo en una narración fronteriza y fantasmal, una modulación impresionista e ingrávida, un trance mecido por la extraordinaria banda sonora de Ari Balouzian. Una narración que introduce la inquietud a través de la desubicación de la extrañeza, cuando los nexos se quiebran, y los mismos raccords se desajustan, y los sonidos se amortiguan para remarcar una separación, y las figuras en los encuadres también se separan por las fuentes de luz, y los espacios, y sus sombras, parecen otros personajes, presencias palpitantes de vida que ya no está, que ya es pasado, o como si fueran pensamientos de los miedos y de la desprendida piel de las emociones que ya son fantasmas, como una muda de piel interior, deslizamiento que se palpa en los sutiles movimientos de cámara.

Beach week

Unas voces que parecen despertar de un sueño o sumergirse en un sueño, acompasan las primeras imágenes fragmentadas, sobre cuerpos a la deriva, entre tiempos, como si se hubiera producido una desconexión con la realidad que se habitaba, y ya no se mira como un entorno familiar sino como los sombríos fragmentos de un espejo resquebrajado. Y el entorno se oscurece, y todo cambia de modo radical, y cambia el mismo ángulo, e incluso se modifica el formato, de 85 mm al formato panorámico, y el cuerpo cuyo entorno de repente se oscurece, como si las sombras lo engulleran, es, en el salto de eje, que es otro tiempo, futuro, y en otro escenario, frente al mar, una sombra. Las sombras la han engullido, las sombras de la consciencia del tiempo que se abre como una brecha, el pretérito desvanecido y el futuro incierto. Y, para la otra perspectiva, desde el contraplano del mar se insinúa un agujero negro, como el iris de un ojo, porque eso es ya la mirada de los otros, una mirada sin contexto y entorno que suscita extrañeza, desconcierto, y hasta inquietud. ¿Qué falta? Lo que falta no es algo o alguien que se añora, que parece pertenecer a un tiempo remoto, aunque fuera hace un año, porque aquellos que estaban contigo pertenecen a otra era. Lo que falta es la conexión. Estás sola, y no sientes ya su presencia, han desaparecido, solo queda el agujero negro de las miradas que no reconoces, las miradas con las que ya no conectas. A partir de ahora, navegarás otras corrientes, y te acompañarán otras miradas que no sentirás como agujeros negros, aunque no sabrás por cuánto tiempo.

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