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Blood below the skin

Director: Jennifer Reeder | Año: 2015 | Nacionalidad: EEUU

La unión de elementos muy dispares es lo que forma la personalidad de cada uno de nosotros, aunque no siempre una personalidad destaca o reluce cuando vemos una película. Cuando sucede, se convierte en una de las experiencias más agradecidas para el espectador: puede gustarte o puede no interesarte en absoluto, pero al menos tendrás la impresión de no haber perdido el tiempo. Y no hablamos de una simple etiqueta como ‘cine de autor’: la autoría y la personalidad pueden ir de la mano y es maravilloso que así sea, pero en 2015, con el cine en el momento más autoconsciente de su historia, es demasiado común ver cine de autor sin personalidad ninguna. Cuando uno se enfrenta a Blood below the skin, la reflexión más rápida y directa que se puede extraer, independientemente de quién está detrás (y parece bastante claro que es una mujer), es que tiene muchísima ‘personalidad’, voz propia, una visión que aportar… algo NUEVO. Y eso es toda una celebración.

Blood below the skin

La cineasta Jennifer Reeder tiene una carrera de más de 20 años de actividad, ha dirigido más de 45 piezas de vídeo, cine, vídeo-arte… y prepara dos nuevos cortometrajes y un largometraje. Es una declarada activista feminista con un discurso nada obvio, fundadora del colectivo Tracers Book Club que promueve la justicia social y el feminismo como medio para alcanzar la igualdad. Su trabajo ha merecido retrospectivas en diversos festivales internacionales, bienales, museos y centros de arte de todo el mundo. Pese a lo frescas y espontáneas que puedan parecer sus imágenes, Reeder no es ninguna advenediza.

Blood below the skin muestra a distintos personajes femeninos en un momento emocionalmente delicado de sus vidas: adolescentes y estudiantes de secundaria en plena lucha de las hormonas con la identidad, una madre sola en plena crisis sin la figura paterna… El argumento, por mínimo e intrascendente, tampoco tiene mucha importancia, aunque hay que señalar que éste trabajo forma una especie de díptico con el anterior cortometraje de la directora, A million miles away (2014), con el que comparte el conjunto de actrices en registros similares. Reeder consigue un profundo calado gracias al cúmulo de sensaciones que su cámara es capaz de transmitir, con una delicadeza y un mimo 100% femeninos pero nunca cursis, con estética sin esteticismos, con una enorme atención al detalle (esos jerseys con estampados de animales que cobran vida propia…). Un universo que celebra la feminidad del siglo XXI con emoticonos que invaden la imagen y amores lesbianos vía telepática (Reeder le da una nueva vuelta al temible término de ‘realismo mágico’). El propio título parece homenajear a estas mujeres en ebullición, con verdadera ‘sangre’ bajo la piel.

Blood below the skin

Si la propia autora se encarga de facilitar un aleatorio listado de influencias en su web (donde se dan la mano nombres como Maria Callas y Flannery O’Connor con conceptos como ‘piscinas’, ‘náuseas’ o sujetadores de cierre delantero), el estilo de Blood below the skin remite a la inocencia melancólica de los primeros trabajos de Hal Hartley, al Gregg Araki más desatado y colorista de Kaboom, a las imágenes líquidas de la mejor Sofia Coppola, al camp ochentero de John Hughes, a colegas generacionales como Marie Losier o Miranda July… y todo ello sin renunciar a un fortísimo sello Reeder. Efectivamente, la unión de elementos muy dispares.

Pero hay un último elemento sin el cual es imposible entender la personalidad que rebosa el último trabajo de Jennifer Reeder, y es la importancia clave de la música. Y no solo por la estupenda y nada obvia utilización que se hace de ella: la adolescente que canta Like a prayer de Madonna frente al espejo o el coro que interpreta a capella el clásico Bigmouth strikes again de The Smiths dan un nuevo significado a ambas composiciones… La música también está presente en guiños y referencias, se habla de ella. Conociendo la trayectoria feminista de Reeder, es fácil rastrear algunos ecos del combativo movimiento Riot Grrrl de principios de los 90. Pero hay mucho más: varias de las protagonistas tienen una banda, dos de los personajes se llaman Joni y Joan en referencia a Joni Mitchell y Joan Jett. Es precisamente ésta última, líder de The Runaways y leyenda viva del rock femenino, quien protagoniza más alusiones. De ella se versiona Crimson and clover, se recitan varias líneas de Real wild child (Wild one) y comparte espacio en la solapa de una de las protagonistas, encarnados en ambas chapas, con otro icono de la música popular: Flavor Flav, integrante del grupo de hip hop Public Enemy, seguramente la mayor revolución que ha vivido la música en el último siglo. Jennifer Reeder, you got to fight the powers that be.

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