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El enemigo

Director: Aldemar Matías (2014) Cuba-Brasil |

Empecemos por lo más importante, al fin y al cabo: El enemigo es el cortometraje con el que más ha disfrutado y reído un servidor en todo lo que va de año a pesar de que no se trata de una comedia, precisamente.

Y es que desde el ambiguo y acertadísimo título, esta película documental derrocha talento y aciertos. La kafkiana historia habanera de Mayelín luchando al tiempo contra “EL ENEMIGO” (el mosquito que causa el Dengue, que es “el enemigo de la patria y de la raza humana entera”, como recuerda a sus trabajadores en una desternillante secuencia la jefa de la brigada anti-mosquito) y contra ese otro enemigo incluso más peligroso que resulta ser la asfixiante y casi cómica burocracia de la brigada anti-mosquito en la que nuestra heroína trabaja, está contada con desparpajo, ternura y una gran habilidad para captar el runrún de la gente de la calle, empleando en cada secuencia aquel arte – infrecuente hoy día, en el que fueron maestros Berlanga, Marco Ferreri o Azcona – de criticar implacablemente una situación, institución o lo que sea, al tiempo que se trataba con cariño a los personajes involucrados.

El enemigo

Nos cuenta El enemigo una historia ya contada muchas veces: la del individuo que forcejea consigo mismo y con su entorno para sobrevivir – oponiéndose o adaptándose o ambas a la vez – a la presión de una burocracia aplastante e irracional. Y en este caso el individuo es Mayelín, sin duda alguna, una de las grandes artífices de que el film funcione como lo hace. En apenas 20 minutos la abnegada Mayelín deja entrar a la cámara en su atribulada jornada laboral. Y es asombroso cómo aguanta el pulso de la cámara y muestra una compleja gama de sentimientos y emociones que van desde la rabia, el temor o la resignación y el agobio (que le van creando su superiora y sus subordinados, con sus tremendas presiones y sus descarados chanchullos respectivamente), hasta la compasión, la severidad y la solidaridad que es capaz de combinar cuando negocia con los irreductibles y entrañables sancionados. Todo esto, como si no hubiera una cámara y ella fuese una actriz de raza. Repito: asombroso.

Quiere muy bien la cámara a los ojos de esta extraordinaria Mayelín, pero El enemigo también es la radiografía de una ciudad – La Habana – y de algunos de sus pobladores más humildes, aquellos a los que la brigada visita en busca del nefando mosquito y que corren el riesgo de ser multados en caso de que se detecte la presencia de tan pequeño y terrible enemigo en sus casas. Supervivientes, al fin, en un medio en el que acecha la miseria que cotidianamente regatean, como tratan de hacer con las sanciones que la brigada impone. Algunos de los momentos más brillantes de la película tienen lugar en los impagables diálogos que los sancionadores entablan con los sancionados. Imposible evitar la carcajada (aunque luego se le congele a uno en los labios) ante una señora a la que se le requiere el equivalente al DNI y dice no tenerlo, contesta en su afán de evitar la multa que “el nombre de mis padres se lo digo yo”. Hubiera sido fácil para el director deslizarse a caricaturizar a estos personajes, pero no lo hace; muy al contrario, como decíamos, los trata con un inmenso respeto, cercano, comprensivo e irónicamente cómplice.

El enemigo

Sabe muy bien dónde poner la cámara Aldemar Matías. La coloca a modo de testigo, un testigo no invasivo. Visible para los personajes, pero mudo. No hay un diálogo metanarrativo entre cámara y personajes. No hay un lenguaje postmoderno, sino naturalista. Justamente lo que la historia pedía (resulta casi enternecedor, porque ya casi no se ve, ver a los personajes apartando rápida y pudorosamente la mirada en cuanto se percatan de que están mirando a cámara).

Y acierta también en el montaje, que sigue la vieja regla de plantear bien, desarrollar mejor y terminar por todo lo alto. Empieza, por tanto, con una secuencia introductoria a modo de planteamiento en la que el NO-DO cubano informa de la situación de emergencia que el dichoso mosquito está planteando para pasar después a una hilarante primera secuencia de la historia propiamente dicha en la que se nos da cuenta de la importancia del peligro que ese enemigo supone. Desarrollan las secuencias posteriores la historia de las tensiones que sufre Mayelín para terminar con dos potentes secuencias que terminan de convencernos del todo para sumergirnos en una fumigación – como uno de los personajes de la inolvidable penúltima secuencia -, pero en nuestro caso en la fumigación de aire fresco que este brillante, ácido y divertidísimo El enemigo supone para la producción de cortometraje documental en este 2015.

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