Cargando contenidos…
No video.

I love you so hard

Director: Ross Butter (2013) Reino Unido |

La incorrección (política, formal, social…) tiene sus riesgos, siendo el primero el sufrir el ostracismo, el vilipendio y el rechazo de quienes se han alineado en el flanco que determina las fronteras y sojuzga las acciones y opiniones de los demás en función de ciertos criterios positivos (sus criterios, claro) para la humanidad. Afortunadamente siempre hay inconformistas que sólo entienden las fronteras para cuestionarlas, pervertirlas o traspasarlas, aunque sea por el simple placer de no querer comulgar con las normas establecidas por los demás.

Ross Butter es una de esas personas. Un cineasta ocurrente que lleva años caminando por el lado oscuro y salvaje de la animación, ese que une nuestro lado más infantil con el más grotesco, sentando las bases de un estilo donde se cruzan la sencillez de trazo de personajes y ambientes con la irreverencia punk de sus historias. Porque no duden ni un segundo de esto: Ross Butter es un animador punk, sin que esto le obligue necesariamente a lucir cresta de colores y chupa de clavos. Es punk por su apuesta DIY por la animación manual más chafardera, que hará las delicias de los seguidores de Fantagraphics (la impagable serie Angry Youth Comics es lo más cercano que he visto a su estilo); por su descarada y descarnada patada en los mismísimos de la corrección; por su apego hacia lo imperfecto, lo sucio y lo desagradable; por su defensa de lo instintivo, violento e irracional; por ese humor de joven enfadado, visceral y peligroso…

I love you so hard

Todas esas cualidades se resumen en el protagonista de esta endiablada historia de amor, locura, acoso y derribo estructurada en cuatro movimientos que se basan en una misma situación, y que van creciendo exponencialmente en su nivel de delirio. No anticiparé mucho el argumento, ya que al final del texto se puede disfrutar de la pieza íntegra, y sólo diré que todo gira alrededor del cortejo psicótico al que este joven somete a la chica de la que se ha obsesionado, más que enamorado. Desde su alucinado punto de vista, no hay mejor manera de llegar al corazón de una mujer que contarle a grito pelao hasta dónde está uno dispuesto a llegar por lograr su amor; lo que se traduce a partir de aquí en una sucesión de chaladuras infectas, que más que cautivar a la amada la lanzan al más puro estado de pánico.

La imaginación de Butter y su guionista (Joel Veitch, quien también presta la voz al demente enamorado) se desborda ya desde el primer plano en su retrato de un amour fou tan intenso como malsano, proponiendo unas pruebas de amor terroríficamente hilarantes (que incluyen incubar un panal de rica miel, con sus abejitas y todo, dentro de la propia uretra… y no quiero contar más). Un discurso demente que buscan trasladar a la chica un retorcido futuro de felicidad plena para los dos, donde el intercambio de fluidos internos (no sólo seminales) es su estado culmen, a pesar de los sufrimientos que haya que padecer para alcanzar este objetivo («un pequeño precio que tendrás que pagar», matiza nuestro antihéroe).

I love you so hard

En I love you so hard amor y obsesión son piezas intercambiables. El acoso, la barbaridad y el sufrimiento no se contemplan como obstáculos, ni como nada, y su salvaje amoralidad deja en pañales a parientes como South Park o Padre de Familia. Lo suyo es el vértigo y la agresión directa a todos los valores establecidos; el retrato de una pasión enfermiza que aquí está exagerada, satirizada. Pero no cuesta tanto descender de la hipérbole para entender que muchas personas tienen una concepción del amor igual de distorsionada (o casi) que la que aquí se presenta.

El trazo brusco que caracteriza I love you so hard, y la obra de Butter (ver más cosas en su web), tiene claras reminiscencias infantiles. Son ilustraciones casi naïf, realizadas a lápiz y coloreadas con crayones cercanas al arte preescolar. Esta estética contribuye a enlazar el contenido de la obra con aspectos profundos y primarios de la psique, con sentimientos básicos y pulsiones infantiles, irracionales, donde amor, deseo, sexo y violencia alimentan una fantasía personal e intransferible. Emociones que con los años aprendemos a interiorizar, a domesticar, a canalizar hacia conductas socialmente más adecuadas, pero que laten aún en nuestros más íntimos instintos.

La ferocidad con la que I love you so hard se despoja de la capa de convencionalismo social para descubrirnos el lado más psicótico del deseo amoroso, y la visualización descarnada y exhibicionista que emplea, son sin duda dignos de elogio. Una propuesta radical e infecciosa como esta estaba llamada a las filas del culto, pero contra todo pronóstico, hay quien ha sabido valorar los méritos de este cortometraje y ha aparecido con cierta frecuencia en las listas de los festivales más audaces (Glasgow, Mecal, Tampere, Annecy…), aunque ninguno se haya osado ya tanto como para darle un merecidísimo premio. Lo más parecido hasta la fecha es la nominación para los Scottish BAFTA New Talent Award en la categoría de animación (¡un punto a favor de la Academia Escocesa!).

Quienes hayan llegado a este punto estarán ya ansiosos por asomarse a esta desquiciante maravilla. Agárrense los machos y estén listos para esta retahíla de alegres burradas.

All comments (0)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Theme developed by TouchSize - Premium WordPress Themes and Websites
X