Cargando contenidos…
No video.

Le jour a vaincu la nuit

Director: Jean-Gabriel Périot (2013) Francia |

La carrera del prolífico Jean-Gabriel Périot es mayormente reconocible por el uso de miles de vídeos e imágenes de archivo rastreadas de internet, ordenadas y re-interpretadas en intencionados montajes a los que la categoría de documental les queda muy corta, y en definitiva dando forma a piezas de marcado subtexto político. Es, posiblemente, uno de los autores más únicos, necesarios e importantes de nuestros días, cuya obra “en construcción” puede visionarse casi íntegramente a través de su propia web. De su faceta “de archivo” ya se ha hablado en varias ocasiones desde esta misma página pero, desde hace unos años, su carrera también se ha visto complementada con la aparición de trabajos que abordan abiertamente la ficción (Entre chiens et loups, 2008) o bien coquetean con ella (Regarder les morts, 2011). En paralelo, Périot también está creando poco a poco su propio banco de imágenes de acción real, registradas por su propia cámara.

Nos jours, absolument

Nos jours, absolument, doivent être illuminés de Jean-Gabriel Périot

En 2011, Jean-Gabriel Périot y el compositor Gérald Kurdian idearon a cuatro manos el corto documental Nos jours, absolument, doivent être illuminés (2012) en el que, a raíz de un concierto ofrecido por los reclusos de la cárcel de Orleans, Périot registraba los rostros de los familiares o simples viandantes que pudieron disfrutar del recital desde el exterior, a través de un equipo de sonido instalado para la ocasión. En aquel trabajo, toda la atención estaba puesta en el exterior, en los rostros de hombres y mujeres, gente normal a cuestas con su cansancio, su indiferencia o su frustración… y en la capacidad de evocación de la música, observando cómo esos rostros reaccionaban con emoción, lágrimas, tristeza, nostalgia o inocente alegría. Le jour a vaincu la nuit (2013), el trabajo que hoy nos ocupa, viene a cerrar una especie de díptico con aquel cortometraje. Esta vez, cruzamos las puertas de la prisión y nos encontramos cara a cara con ocho narraciones contadas a la cámara en primer plano.

Los protagonistas de Le jour a vaincu la nuit son completos desconocidos para el espectador: sabiendo únicamente que son presos cumpliendo condena, desconocemos lo que les ha llevado hasta allí. Pero varios de ellos nos van a relatar sus miedos y temores, sus sueños de futuro, sus ilusiones o sus fantasías en formato monólogo, rap o protagonizando una suerte de musical cursi. En este mosaico vamos a escuchar ocho narraciones: una mujer joven sufre una inocente broma infantil que estropea un perfecto día de playa en familia; un joven de rasgos magrebíes rapea sobre un crescendo rock sobre un mundo donde reine la justicia y la libertad; una mujer madura relata una pesadilla en la que se ve acosada por unas sombras que salen de la pared; un chico comparte una arquetípica fantasía erótica en la que no falta ninguno de sus ingredientes básicos (mujer despampanante, el sol que baña sus cuerpos, el orgasmo simultáneo que les funde en uno solo…); otro cuenta su proyecto de abrir una panadería en términos puramente burocráticos: los trámites, estudios de mercado, estrategias de negocio; otro más fantasea a ritmo de house con la idea de convertirse en un afamado DJ de éxito internacional que encuentra a la mujer de su vida; tres fornidos hombres cantan una pegadiza y melosa canción sobre lo que harán en su tiempo libre fuera de la cárcel: carreras en moto, batallas de champagne… y las esperanzas de ver a sus hijos convertidos en lo que ellos nunca fueron; por último, un joven sale de una abstracta pesadilla catastrofista para transformarla en el mejor sueño del mundo, en una idílica playa… cerrando el círculo que ha abierto la mujer del principio.

Le jour

Todas las situaciones descritas en Le jour a vaincu la nuit están más o menos cerca de la empatía con sus protagonistas, demostrando que en términos generales nada nos separa tanto de cualquier hombre privado de libertad, por horribles que sean los hechos que le han llevado a esa situación. La cámara de Périot es muy plana y directa: ni un solo movimiento, ni un subrayado… Planos medios y primeros planos retratando con naturalidad a gente normal hablando a cámara, dialogando cara a cara con el espectador. Un recurso que no es nuevo en la carrera de Périot: ya en Journal intime y Gay? (2000), sus primeros cortometrajes, teníamos dos descarnadas declaraciones de intenciones protagonizadas por el propio director.

Algo novedoso y hasta sorprendente en Périot: hay ciertos visos de optimismo presentes ya en el propio título (si el primer trabajo realizado en la cárcel de Orleans hablaba de la necesidad de “iluminarnos”, el título de este nuevo trabajo ya da por hecho que “el día ha conquistado a la noche”) y allí donde el director podría aportar una mirada paródica o bastante cínica a algunos de los relatos que se nos cuentan, encontramos un gran respeto por el sujeto que se sitúa ante la cámara, aunque Périot juegue con unos pocos elementos disponibles para dimensionar el relato: la música post-rock que ahoga el aburrido discurso del chico de la panadería, el filtro vocoder para la futura estrella de las pistas de baile… Todos estos recursos casi palidecen ante el aplastante (por sencillo y puro) final del cortometraje: su último protagonista termina el relato y aguanta la mirada a cámara durante tres largos minutos. Después de la palabra, casi charlatanería, el espectador se encuentra solo frente al silencio de un hombre que le mira. Y llegan las cuestiones: ¿Desafío? ¿Provocación? ¿Un simple reflejo? En la propia duda reside la evolución de Périot como artista.

Le jour

All comments (0)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Theme developed by TouchSize - Premium WordPress Themes and Websites
X