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Proyecto Mágico

Director: Manuel Jiménez Núñez (2012) España |

El pasado año, Manuel Jiménez Núñez se alzó con el Premio Especial del Jurado del Festival Internacional de Cine de Huesca con el estupendo documental La aldea perdida. El lado oscuro, ganador también del Primer Premio del Jurado al Mejor Cortometraje en Alcances. En 2013, Manuel Jiménez regresaba a Huesca con nuevo trabajo completado, Proyecto Mágico, y ha vuelto a dar en la diana del jurado, logrando con esta pieza el Premio Especial del Jurado José Manuel Porquet al mejor cortometraje documental iberoamericano, tras haber pasado por los festivales de Málaga, Alcances o Lanzarote.

Como ya hiciera en otros trabajos anteriores, como el mencionado La aldea perdida. El lado oscuro o el largometraje El pésimo actor mexicano (España, 2011), Jiménez elude la narración directa de la biografía del futbolista Mágico González, jugando constantemente con el off visual, sonoro y también narrativo, preocupado más por la huella que ha dejado su personaje que por abordar directamente su vida; y menos tratar de explicarla.

Jiménez no da por supuesta la popularidad de Jorge Alberto González Barillas entre los espectadores. Acepta que la mayor parte de ellos nunca haya oído hablar de él, o que casi nadie se acuerde ya de esta ajada estrella del fútbol, llegada al Cádiz después de su actuación en el Mundial 82. Su interés es tan escaso por la hagiografía, que poca más información relevante y precisa se obtiene de Mágico González a lo largo de la película, pues siendo a pesar de todo un homenaje a su figura, pronto se reconoce que su historia es equiparable a la de otros, y por eso el director se mueve más a gusto buceando por el sedimento legendario que ha dejado entre los anónimos parroquianos de dos tabernas andaluzas a las que era aficionado el astro, rastreando entre las anécdotas particulares los aspectos generales de una vida singular y pública.

Proyecto magico

Así como esquiva los datos concretos y los detalles fundamentales de la vida del futbolista, y casi hasta su imagen (pues sólo aparece en un par de fotografías conservadas en los bares), Proyecto Mágico también nos sustrae cualquier información concreta sobre los hombres gaditanos y malagueños (y un inglés), cuyas entrevistas nos dejan entrever esta historia prototípica, donde poco a poco el recuerdo se ha ido transformando en leyenda y el hombre en mito.

Las imágenes, detalles borrosos y fragmentados de las tabernas, constituyen un marco ambiental que sitúa al espectador en un escenario cuya cotidianeidad se transforma en símil del monótono paso de los días y las conversaciones, pero también señala el lugar de nacimiento de esta narración, la patria natural de este tipo de leyendas, donde nacen, donde se transforman, donde se mantienen activas. Y cuando quienes las mantienen vivas entre caña y caña en conversaciones diarias van desapareciendo, estas desaparecen también con ellos, dejando rastros tan fragmentados, borrosos e indefinidos como los planos de este corto.

Sobre estos planos, generalmente cortos de distancia y profundidad de campo, que recogen detalles abstractos sin asideros referenciales claros, se superponen en off los recuerdos, de los que más que información se extraen impresiones que Jiménez pone en comunicación con las de otros dos mitos locales: de una manera más explícita con el torero Curro Romero, con quien se compara a Mágico largamente; y con Camarón de la Isla, de una forma más sutil y fugaz, convocado éste a través de un par de fotografías pegadas a la pared (repitiendo el recurso de la aparición de Mágico en el corto).

Proyecto Magico

Estas citas y comparaciones ponen de relieve una tipología mitológica universal, una historia prototípica de ascenso y declive, un retrato del héroe a través de sus virtudes y sus vicios, mezcla de generosidad y autodestrucción mil veces contada, que es la que más poderosamente ha calado en la memoria colectiva. Por esta razón, el director prefiere esta vez evitar contar la historia de nuevo y dejar que sea el espectador el que las reconstruya, fijándose más en los aspectos generales de unas mitologías y de un saber populares concretos que se perderán con sus transmisores, siendo sustituidos por otras historias nuevas que se amolden al patrón universal.

Entre las cualidades de esta nueva aproximación a la memoria y el olvido a través de una propuesta cinematográfica que recorre el siempre sugerente desfiladero que transita entre lo real y lo imaginario, está la habilidad con la que Manuel Jiménez evita los excesos románticos o idólatras a los que podrían arrastrarle sus informantes, y a pesar del monótono distanciamiento del tratamiento visual que se le puede achacar en algún momento, no resulta tampoco nunca un trabajo frío y despegado. Más bien al contrario, transmite el cariño con que se recuerda la figura de Mágico González, reconociendo aún así la exacerbada idealización que se hace de su memoria, pero sin condenarla tampoco, pues ha encontrado las respuestas que buscaba: la esencia de la que estás hechas las leyendas.

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