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Tram

Michaela Pavlátová | 2012 | Francia / República Checa

Por Óscar de Julián

Cuenta la leyenda que, en la época dorada del cine de animación infantil, algunos dibujantes clásicos aprovechaban las horas muertas para perpetrar versiones pornográficas, y nada pero nada candorosas, de sus personajes favoritos: Mickey, Pluto, Tom y Jerry, todos fornicando a lo loco con todos. Versiones que, cómo no, nunca traspasaron los pasillos de los grandes estudios. Con alguna excepción, como el desopilante Buried treasure de finales de los 20, cuya paternidad no está ni mucho menos reconocida por nadie.

Es lícito pensar que la misma reacción sanamente gamberra tuvo lugar en los estudios húngaros, checos o croatas, donde se hacían esos entrañables cortos con marionetas que ilustraban cuentos populares, unidos para siempre a la nostalgia infantil de los mayores de 40. Con toda probabilidad, los animadores se montarían camas redondas con Blancanieves, los enanitos y el príncipe, y otros escarceos por el estilo.

Foto Tram

Ese espíritu revoltoso, y al fin y al cabo bastante ingenuo, es el que aparece en la obra reciente de la estupenda animadora checa Michaela Pavlátová (nominada al Oscar por su Reci, reci, reci, un corto algo envejecido pero aún lleno de encanto), y que en los últimos años se ha dedicado a construir un universo propio de fantasías sexuales femeninas, mostradas con todo lujo y delectación. Y sin que nunca falte ese sentido del humor checo, siempre sorna y siempre ternura, que recuerda a cineastas paisanos como Jiri Menzel o Milos Forman.

La última pieza de Michaela Pavlátová es una pequeña delicia producida en Francia llamada Tram, que aquí hemos podido ver en el Festival de Jóvenes Realizadores de Granada, y que comenzó su triunfal carrera ganando el Cristal de Annecy, es decir, el gran premio de cortometraje del Festival de Cine de Animación más importante de Europa. En este sentido, tengo que decir que el premio me parece un poco exagerado. Tram me gusta, pienso que es un trabajo bastante agradable, pero en ningún caso le otorgaría el status de corto de animación del año. En cualquier caso, no tengo ninguna duda de que Tram merece verse, y perseguirse. Próxima oportunidad en Alcine, en la Sección Oficial de su Certamen Europeo.

Tram sucede en un día gris cualquiera de una ciudad gris cualquiera. La protagonista es una conductora de tranvía de generosas tetas y más generosa fantasía, que inicia su jornada. En el trayecto sólo se suben hombres, todos ellos circunspectos, repetidos, leyendo el mismo periódico (en el mundo de Pavlátová no hay lugar para portátiles ni smartphones). El caso es que, en mitad de la rutina laboral, la imaginación sexual de la conductora se despierta y, finalmente, se dispara. De modo que todo se transforma: las palancas de cambio, los botones del vehículo, la ranura para clickar los billetes…

Tram es un pequeño concierto en corto que surge en la cabecita de la conductora. La repetición incesante de los mismos gestos mecánicos de todos los días se convierte, poco a poco, en música, y finalmente en sexo. La melodía retozona, como de trenecito de juguete, va dejando paso a un simpático desfile de penes y vaginas en plena acción, siempre muy bien orquestado y perfectamente integrado con sabrosos gags visuales, hasta desembocar en una apoteosis de largas y erectas palancas de cambio y húmedas ranuras clickando sin tregua, al estruendo del gran final de El carnaval de los animales de Saint-Säens. 

Precisamente la misma composición que inspiró a Pavlátová su corto anterior, Karneval zvirat, y que finalizaba con otro jubiloso clímax de fantasías sexuales, aunque esta vez los resultados fueron bastante más caóticos. Y ya puestos, no está de más comparar este tratamiento de la pieza de Saint Säens con el que recibió la misma pieza en Fantasía 2000: El carnaval de los animales: ese simpatiquisímo fragmento del flamenco que quiere jugar al yo-yo.

Tram emplea una animación en 2D muy sencilla, pero, en esta ocasión, completamente adecuada a las necesidades de la historia.

Está el indiscutible gusto gráfico de Pavlátová, con esas figuras aparentemente desmañadas pero decididamente exquisitas. Está la técnica de trazos inestables, que se mueven, tiemblan ligeramente (en oposición a una animación de trazos rígidos). Una técnica de lo más habitual, pero que en este caso no puede tener más sentido: la definición de las figuras y objetos de Tram es frágil, traquetea como el tranvía, por eso es muy creíble que la imaginación de la conductora las transforme sin dificultad en otra cosa.

Foto Tram

Y está el tratamiento del color: al principio, todo son tonos apagados, y lo único que tiene viveza es el carmín de los labios de la conductora. De este modo, el color se relaciona con la sexualidad, y así, gradualmente, la imaginación femenina transforma este universo mustio en un festival de colores cálidos.

Por último, Tram lo tiene todo para ser considerada una obra grosera, indecente, escatológica. Y por supuesto, reúne todas estas estupendas virtudes, pero no se reduce a ellas. No es sólo que la animación tiende a estilizar objetos y situaciones que en imagen real resultarían, a priori, demasiado duros de roer para el espectador medio. Es que Pavlátová demuestra tener un universo poético, pequeñito pero precioso, en el que la sexualidad más exuberante fluye con naturalidad, y las imágenes más procaces se llenan de delicadeza.

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