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Dos hombres y un armario

Director: Roman Polanski | Año: 1958 | Nacionalidad: Polonia

Las clásicos, en ocasiones, no son obras maestras. Pero, aún así, por clásicos los tomamos ya que nos permiten entender a sus autores, y porque, detenidos en su tiempo, quizá también nos permiten hablar del nuestro y del que vendrá. Y porque, en definitiva, erigirse como obra atemporal es un valor tan importante o más que la calidad técnica.

Asumo que esto que acabo de formular puede ser discutido y discutible. Sin embargo me sirvo de ello para introducir el cortometraje Dos hombres y un armario. Película de 15 minutos realizada por Roman Polanski en 1958 cuando aún era estudiante de cine en la famosa escuela de Lodz, la escuela que habría de marcar a más de una generación y que llegó a erigirse como uno de los epicentros más importantes del cine europeo en la segunda mitad del siglo XX.

Dos hombres y un armario no es una obra maestra. A pesar de ello es una cinta imprescindible, debido a distintos aspectos que en mayor o menor medida creo que merecen ser resumidos en este aparte.

Dos hombres y un armario

En primer lugar, Dos hombres y un armario marca un salto cualitativo en el ejercicio cinematográfico del director polaco. Más aún, esta obra prefigura de un modo ya claro alguna de las líneas maestras, los temas y las obsesiones de su cine. Especialmente llamativa es la escena donde propio Polanski arremete violentamente contra uno de los protagonistas de un modo similar a como lo planteará años más tarde en Chinatown (EE.UU., 1974).

El cortometraje es mudo y en blanco y negro, y se erige como un cuento que a aun dejando traslucir el incipiente Polanski de futuros trabajos, no esconde diversas influencias. De hecho, analizarlas es algo recurrente al hablar de este corto, a saber, el surrealismo del cuento, con alguna escena especialmente buñueliana, el expresionismo al usar el claro oscuro, o el carácter chaplinesco de sus protagonistas al enfrentarse al mundo de esta historia.

Y eso nos lleva a hablar del Polanski estudiante que experimenta con diversas fórmulas. No todos los cineastas que algún día se consagran consiguen realizar trabajos en la escuela de cine, si es que en alguna estudiaron,que merezcan ser dignos de ser desgranados, siquiera mencionados. A veces incluso, los propios directores casi preferirían hacerse con los servicios de algún sicario para eliminar esos primeros trabajos suyos.

Dos hombres y un armario

En el caso de Polanski, sin embargo, estos cortos de juventud y formación, más allá de servir como documentos que permiten a los estudiosos ahondar más en su obra, forman un pack que puede ser disfrutado por el cinéfilo menos formado. Y especialmente Dos hombres y un armario adquiere valor, independientemente de quien haya sido su director, por el carácter atemporal de su trama.

Una historia con dos hombres como protagonistas que salen del mar llevando con ellos un armario. Un armario de dos puertas separadas por un espejo. Cargados con él se adentran en una ciudad donde una vez tras otra serán rechazados. Su carga, el armario, les hace distintos y les llevará a vivir una serie de aventuras marcadas por el rechazo, en el que el carácter cómico se entrelazará con lo triste, también con lo brutal, muy a lo Polanski.

Aquí reside la fuerza de Dos hombres y un armario. Las múltiples lecturas que de él se han hecho y que, de seguro, se seguirán haciendo conforme pasen los años. Como los buenos clásicos. Su surrealismo, no exento de marcados simbolismo, hace que cada estudioso, cada cinéfilo, le encuentre interpretaciones más o menos cercanas, más o menos distintas, más o menos líricas, más o menos prosaicas. En todas ellas, la sociedad llena de prejuicios rechaza a los dos hombres diferentes, a los dos hombres que cargan un armario. ¿Pero por qué un armario? Hay quien aventura que es un símbolo de la homosexualidad, algo que el amaneramiento chaplinesco de los protagonistas podría corroborar. Más aún, algunos autores creen ver en ellos a dos gays judíos que serían rechazados en esa ciudad hipócrita y violenta a la que han llegado desde el mar y al que habrán de volver sin remedio. Polanski nunca ha ido tan lejos en la interpretación de su propio corto, y parece haber hablado en términos que se acercan a la lectura más comúnmente aceptada. Que Dos hombres y un armario supone una alegoría contra la violencia, contra la intolerancia, contra cualquier prejuicio sobre cualquier aspecto que quepa en un armario de dos puertas y un espejo. Como nadie en la historia, ni siquiera Polanski, abre dicho armario, nos tocará a nosotros ver la película para, después de mirarnos en el espejo del mueble, intentar aventurar qué hay en su interior. Como en los buenos clásicos.

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