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Fast Film

Virgil Widrich | 2003 | Austria-Alemania-Luxemburgo-Francia

Por Óscar de Julián

Muchos se acordarán de la conmoción que supuso este apabullante film en el año 2003. Fast Film acumuló para sí todos los premios del año y se convirtió en un clásico instantáneo por múltiples y evidentes razones: su virtuosismo técnico, aún hoy abrumador, se completaba con una propuesta argumental absolutamente irresistible, a medio camino entre la nostalgia por el cine de antes y una atmósfera barroca que aunaba al mismo tiempo sueño y pesadilla, impregnando al espectador con una poderosa sensación de Placer.

Fast Film

El austríaco Virgil Widrich no pudo estar más inspirado en esta evocación del cine clásico de Hollywood y Europa, realizada a través de una mixtura de técnicas que nunca supimos si eran digitales o manuales (de todos modos, Widrich lo explica perfectamente en este video), aunque daba exactamente igual, porque uno de los grandes logros de Fast Film es que todo parecía manual, pero un manual prodigioso, irreal, como si contempláramos algo que hasta entonces creíamos imposible. Ese es el primer atractivo de Fast Film: no solo homenajea a un cine fascinador, sino que él mismo fascina.

Widrich jamás ha vuelto a realizar nada igual. Pocos años antes ya había llamado la atención de medio mundo con Copy Shop (2001), fantasía en blanco y negro sobre un hombre que se fotocopia una y mil veces a sí mismo, pero que a pesar de su indudable encanto ha envejecido considerablemente. Otras propuestas recientes de Widrich, como Warning Triangle (2011) o Back Track (2015), no obtuvieron excesiva repercusión. En cambio, Fast Film parece poseer el secreto de la eterna juventud. Tal vez tenga que ver con el hecho de que el propio cine que evoca también ha ganado con el tiempo o, más exactamente, se ha transformado en algo parecido a un sueño.

Fast Film

Los asombrosos recortables de Fast Film nos invitan a reconocer, una tras otra, las películas de nuestra vida y los rostros míticos que las protagonizaron. Pero ese Reconocimiento no funciona, o al menos no funciona del mismo modo, con los espectadores crecidos en el mundo digital. ¿Significa eso que el placer de este corto está vedado a las nuevas generaciones? En absoluto, porque las imágenes de Fast Film han cobrado, con el tiempo, un sentido renovado y una fascinación aún mayor.

Los planos robados de Frankenstein, El sueño eterno, Grupo salvaje, La dolce vita, El halcón maltés, Con la muerte en los talones, El maquinista de la General… ya no pertenecen al universo de la Memoria, sino al del Inconsciente. Lo que nos maravilla no es la evocación de películas inolvidables, sino las miradas, los gestos, los sonidos, las huellas fugaces que quedan de ellas: las extraordinarias escenas de los gritos de las heroínas, la criatura de Frankenstein aproximándose, el placer insano de Rod Taylor acribillando a balazos al Dr. Strangelove… o la magia de algunas imágenes que jamás existieron, como la de James Bond mostrando un pecho del que salen miles de eróticos papelitos blancos, o la de Cary Grant y Grace Kelly hundiéndose, al volante de un coche último modelo de los 50, en las profundidades de un lóbrego cementerio… De este modo, en Fast Film las imágenes vibrantes del Celuloide no solo pulsan la nostalgia por la infancia y juventud perdidas, sino algo común a los espectadores de cualquier edad y condición, algo mucho más profundo y lejano: son figuras, indicios, sombras que parecen proceder de la noche de los tiempos.

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