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Hamomili

Director: Neritan Zinxhiria (2012) Grecia |

Desconozco Tin kaliteri nifi (The best bride), el cortometraje con que Neritan Zinxhiria debutó en 2008 y que recibió el New Talent Award del Drama Short Film Festival de Atenas, pero después ver Hamomili espero ese momento con ansia.

Hamomili es un cortometraje arrebatador, impresionante, cuyas referencias remiten directamente a grandes maestros del Este como Sokurov (Madre e hijo), Béla Tarr (The Turin horse) y, como no, uno de los orgullos nacionales griegos, Theo Angelopoulos (La eternidad y un día). No he puesto al azar estos títulos al lado de los nombres, sino en cuanto a referencias directas que puedan llevar al espectador a hacerse una idea de por qué senderos temáticos y formales transita este estupendo corto griego.

Confío en que poco a poco Hamomili vaya haciéndose más presente en los festivales internacionales, ya que tal vez no haya alcanzado la proyección que se merece más allá del Este europeo, donde, eso sí, se ha mostrado muy contundente. Neritan Zinxhiria regresó de nuevo al Drama Short Film Festival con este corto y simplemente arrasó, venciendo en las categorías nacional, internacional y GFC Award. También se llevó los máximos laureles en el Festival Internacional de Atenas (el más importante del país) y en el prestigioso Festival de Dresden. Ahora Chamomile ha comenzado su particular conquista del Oeste, llevándose el Premio de la Juventud en Huesca.

Chamomile

Esencialmente, Hamomili no es un cortometraje argumental. Su desarrollo en sí no atiende a enlazar una larga y compleja serie de acontecimientos. Al contrario, reduce estos al mínimo número para luego aproximarse a ellos con dedicación, explorando la rugosidad emocional que de ellos emana, trasladándola a unas imágenes muy pictóricas, muy condensadas y extraordinariamente bellas. Imágenes desprovistas de diálogos no tanto en virtud de una decisión estética, por la economía del dispositivo o su apego a fórmulas genéricas, sino como algo esencial a la propuesta. La falta de diálogos no nos hace únicamente fijarnos más en las imágenes (y los sonidos) en tanto que constituyen los únicos soportes de información, sino que también contribuyen a construir la atmósfera de desamparo en que se maneja la historia.

A nivel estructural estamos ante una obra compuesta por dos movimientos. En el primero de ellos el claroscuro y el tenebrismo se apoderan de las tonalidades. La cámara se centra en los dos personajes, una mujer anciana que cuida de su marido, también anciano, que se está muriendo, y con una serie de detalles próximos nos presenta también su pobreza, su soledad, su hogar rural. Un plano fijo más amplio del cadáver amortajado cierra tajante este primer acto.

Chamomile

La segunda parte es aún más impresionante y más bella; también más desgarradora. Los planos abiertos y a menudo rodados cámara en mano sólo se interrumpen para insertar algunos pequeños detalles. La penumbra del cálido y claustrofóbico interior se ha visto sustituida por un bosque totalmente nevado, que figura casi en silueta de la mujer trata de atravesar guiando al burro que tira del muerto. La lucha del animal y la anciana por atravesar un espacio tan hostil como bello se hace extenuante. No se sabe a dónde se dirigen, el camino es incierto, y lo que importa es seguir adelante, aunque la nieve que poco a poco ha ido devorando el paisaje les atasque a cada paso.

El director se luce en esta parte acelerando el ritmo del montaje y superponiendo planos exquisitos uno tras otro, cada vez más dramáticos y patéticos, hasta llegar al de nuestra protagonista, habiendo perdido ya la ayuda de su animal, arrastrando con una cuerda el cadáver sobre la nieve, mientras los copos siguen cayendo sin piedad.

Y así se alcanza ese hermoso final. Un viso de esperanza: una carretera. La mujer suelta el fardo y corre. La cámara cambia radicalmente el punto de vista para ver, desde el interior del vehículo, cómo se va volviendo un punto cada vez más pequeño sobre la nieve. Hasta desaparecer.

Como cabe esperar, Hamomili sugerirá distintas sensaciones e interpretaciones entre los espectadores, que girarán bajo el prisma de la idea de desaparición, de extinción, que es el núcleo del corto; y habrá quien no se resista a tender puentes hacia la actualidad social y política del país, o a pensar en la muerte del campo y de la tradición. Incluso también se acomodará a concepciones más existencialistas de la vida. Sea como sea, en lo que todos coincidirán será en el tremendo poder de sus imágenes, equilibrio de exquisitez y patetismo, que no dejarán de conmover a nadie.

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