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Härlig är jorden

Director: Roy Andersson | Año: 1991 | Nacionalidad: Suecia

Puestos a categorizar, la expresión “tableaux vivants” (pinturas vivientes) es un petulante cajón de sastre, muy del gusto de la crítica, donde tienen cabida desde Buñuel a Greenaway. Es también uno de los términos que salen siempre a colación al afrontar la obra de Roy Andersson, veterano aunque poco prolífico cineasta sueco que acaba de ganar el León de Oro en el pasado Festival de Venecia 2014 por su última película, En duva satt på en gren och funderade på tillvaron (A Pigeon Sat on a Branch Reflecting on Existence), laureada como cumbre y depuración total de sus estudiadas composiciones, encuadres perfectos, movimientos orquestados y milimetrados… La belleza plástica, pero solo en apariencia. Fachada.

Harlig ar jorden

En Härlig är jorden (World of Glory, 1991), su último trabajo en formato de corto metraje, Andersson ya realizaba una exploración bastante siniestra y cínica en torno a la condición humana y su fachada. Y lo comenzaba con toda una declaración de intenciones (que revienta cualquier idea de perfección asociada a la composición del plano en sí): varios hombres, mujeres y niños desnudos son encerrados en un camión ante la mirada inerte de otro grupo de hombres y mujeres trajeados. Dos operarios hacen conectar el tubo de escape con un agujero en el cajón de carga, el camión arranca y da vueltas sin salirse del encuadre… Una escena que nos hace pensar de nuevo en el horror nazi y cuya atrocidad se ve potenciada con un recurso tan simple como dejar quietos a todos los actores de la escena. No hagáis nada, no reaccionéis. Solo un hombre situado de espaldas en plano medio se vuelve un par de veces y nos mira. Él será nuestro protagonista en los próximos 15 minutos.

Para quien se acerque a esta pieza, Härlig är jorden ofrece una visión pesimista casi de manual. El asco que provoca el ser humano, salpicado con momentáneos accesos de humor absurdo que proyectan aún más asco sobre el protagonista. Durante todo el metraje, es inevitable pensar en tópicos como la monotonía de la existencia, la frialdad de la sociedad, la abyección, la alienación… y a qué precio. No extraña que el corto se alzara con el Premio Canal + y el Premio de la Prensa en Clermont-Ferrand en 1992, o que posteriormente fuera incluido en el prestigioso DVD compilatorio Cinema 16 junto con otros cortometrajes europeos. Situado en el contexto de la muy singular carrera de Andersson, este título actúa como una suerte de bisagra entre la primera etapa del autor, que incluye dos largometrajes realizados en la década de los 70 y una depresión que le apartó durante años del medio, y la culminación de su estilo con la trilogía de largometrajes Sånger från andra våningen (Songs from the Second Floor, 2000), Du levande (You, the Living, 2007) y la reciente ganadora de Venecia 2014. Andersson, definitivamente, se toma su tiempo.

Härlig är jorden

En Härlig är jorden, un gris funcionario hace un repaso, hablando directamente a la cámara, de su tristísima y monótona vida, nos presenta a su madre enferma, su padre enterrado en el cementerio, su hermano pequeño y único amigo, su coche… o nos da información tan irrelevante como la cama en la que duerme o la cocina en la que desayuna y suele cenar. En una extraña y enrarecida escena, nos presenta a su hijo en manos de un tatuador que está grabando en la frente del pequeño el logotipo de Volvo, la mayor empresa automovilística de Suecia, acaso símbolo de industrialización y economía salvaje. Con semejantes planteamientos, Andersson no se priva de incluir peculiares golpes de humor frío, con el personaje gritando a su madre lo mucho que la quiere o vociferando ante la tumba de su padre: “¡Pensaste en todo, papá!”. Pero a medida que avanzamos, este hombre parece estar cada vez menos en sintonía con el engranaje de la sociedad, como un eslabón de la cadena que se va fracturando: en un restaurante, el infeliz piensa que ha perdido la visión, al día siguiente recuerda esta “horrible experiencia” desde una zapatería. Más tarde, comulgando en la iglesia, el personaje busca la redención y el perdón agarrándose al cáliz que contiene la sangre de Cristo como a un clavo ardiendo. Finalmente, el hombre, quizás consumido por la culpa, es incapaz de conciliar el sueño al escuchar gritos desde lejos (seguramente, de un bebé).

La estética feísta y rancia de Härlig är jorden, dominada por los grises y la luz mortuoria, no hace sino reforzar una visión cínica y desnaturalizada de la vida del trabajador medio, atrapado en un absurdo sin fin. Gente fea, caras cetrinas, personajes hieráticos con vidas desleídas, cadáveres andantes… En resumen, la alienación, lejos de ser una amenaza, llegó para quedarse. Tiene gracia constatar la realidad de la advertencia 23 años después, con la mayoría de nuestras casas convertidas ya, vía IKEA (empresa de origen también sueco, casualmente), en paradigmas minimalistas de la despersonalización.

Nota: el cortometraje se ofrece con subtítulos en castellano.

 

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