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Hotel

Director: José Luis Alemán (2012) España |

Hace unos años se dio un curioso fenómeno entre los aficionados al fantástico español. Apareció un francotirador llamado José Luis Alemán, que puso en pie una aparatosa producción de terror, La herencia Valdemar (2010), dividida en dos interminables partes, inspirada sobre todo en Lovecraft y, cosa insólita, financiada sin la más mínima ayuda pública, algo de lo que Alemán se jactó repetidamente. Pero el bagaje profesional de su artífice, más ligado al cómic que al cine, se limitaba a la dirección de unos pocos cortos de poco exitoso recorrido, y la producción de un documental sobre Paul Naschy. El proyecto se le fue completamente de las manos, y el lanzamiento Valdemar desembocó en un estrepitoso fracaso de crítica y público que provocó, casi casi, el hazmerreír general.

Valdemar 2

La herencia Valdemar II: La sombra prohibida de José Luis Alemán

Es cierto que, dejando a un lado su meritorio diseño de producción, La herencia Valdemar era un mamotreto totalmente acartonado, con una falta de tensión dramática alarmante, unos diálogos sencillamente ridículos, una planificación lamentable y unos actores imperdonables que no merecían el sueldo que cobraban (excepto José Luis Torrijo, claro)… Sin embargo, la película poseía un valor extraño. Porque apostaba rotundamente por un cine de terror que la historia había relegado al baúl de las antigüedades (no ya la Hammer, sino la Universal y hasta Lon Chaney), y todo estaba impregnado de un aroma de cine no viejo, no vetusto, sino directamente primitivo. El resultado fue una película espantosa, es verdad, pero también única.

Y como suele ocurrir cuando alguien se hunde en la más absoluta miseria, Alemán aprendió mucho, muchísimo de su error monumental. Así que ahora ha vuelto con maneras un poco más modestas con Hotel, un cortometraje espectacular en el que ha podido controlar adecuadamente todos los elementos, y que está funcionando bastante bien, aunque no todo lo bien que merece. La sombra de Valdemar es alargada y, hasta ahora, buena parte de los festivales españoles autoproclamados de primera categoría no han tomado su corto en consideración (sí lo han hecho, cómo no, la mayoría de certámenes que defienden el cine de género; véase, sin ir más lejos, nuestra reseña de Fantosfreak). Mientras tanto, en el extranjero, Hotel ha cosechado reconocimientos tales como el Mejor Cortometraje en el mismísimo Fantasporto.

Hotel Ott

Viñetas de Hotel de Thomas Ott

Hotel es un pequeño cuento de terror basado en una historieta del suizo Thomas Ott, figura al parecer venerada entre los amantes del cómic underground. Hotel de Ott es una de las cinco historias que vertebran Cinema Panopticum, narración estructurada en episodios que recuerda a los EC Comics (Tales from the crypt, Creepshow y todo eso) pero al gusto de la Vieja Europa. El Hotel de Alemán cuenta la misma historia que Ott: un hombre llega a un hotel; no hay nadie en recepción, pero todo parece estar preparado para el viajero…

Ahora bien, el planteamiento estético es radicalmente distinto: Ott introduce al hombre en un pequeño hotel en mitad de una calle cualquiera, y los sucesos van conformando una sórdida pesadilla cotidiana. Alemán, en cambio, apuesta por un escenario casi de leyenda: el hombre, perdido, exhausto y sediento en mitad de un desierto yermo, se topa en mitad de la nada con un hotel. Así pues, la aparición del edificio se antoja un misterio de lo más atractivo. Pero hay más: el Hotel, en su totalidad, está construido… de cartón.

Partiendo de este arranque tan sugestivo (y, adelantamos, tan bien resuelto), se desarrolla un pequeño cuento de terror en el que Alemán triunfa en todo aquello en lo que antes había fracasado. El espléndido decorado, que evoca las líneas del modernismo art nouveau y el expresionismo de Caligari, no puede estar mejor concebido y aprovechado; los diálogos, uno de los puntos más flojos de Valdemar, aquí no existen, todo está al servicio de unas imágenes soberbiamente planificadas, en las que Alemán juega a la perfección con la profundidad de campo y los segundos términos; los hechos narrados son mínimos, pero poseen una tensión dramática exquisitamente medida; sin olvidar el trabajo de un equipo formidable: el único actor, un ajustado Pedro Lozano; el diseño de producción, comandado por Pilar Sánchez Díaz; la estudiada fotografía de David Azcano; o la imponente partitura sinfónica, que puntúa y hasta conduce espléndidamente las imágenes, de Arnau Bataller.

Gracias a todo ello, el hotel se transforma en el segundo personaje de la historia, cobra vida propia, e incluso, en algún que otro momento, parece observar con ojos turbios a su invitado. Y cuando, al final, todo se aclara, lo de menos es la resolución (original de Ott, y que no obstante tiene cierto ingenio), pues el espectador ha quedado atrapado por una atmósfera que rezuma malignidad. Y de este modo, Alemán, partiendo de toda clase de fuentes admiradas (ECComics, Lost, otra vez Lovecraft), acaba conformando un pequeño pero eficaz universo, que posee personalidad propia.

Es cierto que el relato, como se verá, no se caracteriza por su profundidad, pero rebosa convicción en lo que se está haciendo. Y desde luego no es una propuesta formalmente novedosa: todo es clásico, muy clásico. Pero un clasicismo de primera categoría. Ojalá este artículo contribuya, humildemente, a llamar un poco más la atención sobre este trabajo notable. Y, del mismo modo que a Alemán parece haberle servido para reencontrarse a sí mismo, ojalá nos sirva a los demás para no desahuciar a nadie antes de tiempo.

Distribuido por Agencia Freak

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