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Import

Director: Ena Sendijarevic (Países Bajos) 2016 |

Las crisis migratorias causadas por las guerras, la intolerancia, la pobreza o las tragedias naturales (entre otras muchas motivaciones que pueden conducir a las personas a abandonar sus hogares y trasladarse a otros lugares) no son para nada un efecto nuevo. Es un fenómeno que cíclicamente se reedita cambiando de protagonistas y en ocasiones de nacionalidades y países de acogida, pero la tragedia y el sufrimiento es constante en todos los casos. La actual guerra en Siria puede que sea una de sus manifestaciones más modernas, pero si se tira un poco de memoria no es difícil hallar concomitancias con otros momentos de nuestro reciente pasado. En cierta manera, es lo que realiza Ena Sendijarevic en su nuevo cortometraje Import.

No hace falta ser demasiado avispado ni conocer en profundidad la biografía de Sendijarevic para aventurar que Import tiene sus raíces en su propia experiencia como emigrante bosnia acogida en Holanda en la década de los noventa, sin que el film sea en sí mismo necesariamente una recreación de su historia. Se trata sólo de un punto de partida para analizar esta experiencia más desde el punto de vista de los sentimientos que de la tragedia social (sin que esta quede del todo ausente). La soledad, la frontera cultural e idiomática, el desarraigo, la depresión, la pérdida de la identidad, son temas que emergen con discreción en esta historia, pero compensados también con la solidaridad, la esperanza y un fino sentido de la ironía que lo mismo redime a los personajes de su tristeza, como posiciona también la obra dentro de un determinado compromiso político.

Import

Los dramas sobre la emigración no son excepciones en la actualidad cinematográfica; cada año podemos encontrar numerosos ejemplos que se acercan a este tema desde las miradas e intenciones más variopintas, pero lo que hace destacar Import por encima de la gran mayoría de estas otras aproximaciones es su singular personalidad y su particular concepción narrativa. Sin replegarse al clasicismo académico ni a los estilemas de la vanguardia, Import irrumpe por el camino del medio superponiendo una narrativa limpia y concisa y un riguroso minimalismo en la composición de las imágenes y el montaje que prescinde florituras, adornos, movimientos y subrayados.

Sendijarevic crea así una atmósfera de aparente frialdad, marco perfecto para enfatizar los sentimientos y angustias de los protagonistas sin caer, a pesar de su estilización, en ningún momento en maniqueísmos. Un recurso que además utiliza con mucha pericia para ello es la sutil ironía que impregna la narración y que entre tanto patetismo logra arrebatarnos alguna que otra sonrisa. Import va de esta manera desenvolviendo tres arcos argumentales paralelos que acaban encontrándose, y que formalizan el retrato de una familia de bosnios acogidos en una pequeña ciudad holandesa durante los 90. Jugando con cortes abruptos y elipsis audaces vemos por separado la situación de los distintos miembros de la famila: las dos hermanas que comienzan su escolarización, la madre que ha encontrado un puesto como limpiadora en un geriátrico y el padre, solo y deprimido en casa. Las tramas avanzan a saltos, compuestas a rápidas pinceladas, fijándose en distintos aspectos y momentos de eso que se viene a denominar integración.

En la parte laboral, ejemplificada por la trama de la madre, domina la educación centro-europea: la corrección en el trato y las instrucciones, la asepsia cordial y despersonalizada… tal vez por ello todo gire en relación a la limpieza, y el sentimiento humanitario de la madre se impone en su resolución con mayor fuerza frente al hermético individualismo de la sociedad holandesa. Las hermanas sirven de nexo de unión entre su propia historia y la de los padres, asumiendo así un papel estructural vehicular. Protagonizan además uno de los episodios más llamativos del corto. Receptoras de la mirada infantil, con sus prejuicios y desprejuicios, sufren su propia desubicación, ya que aún no asumen su condición de expatriadas y hasta se permiten el lujo de tener un comportamiento xenófobo con un niño gitano al que le niegan el trato y le piden que se vuelva a su país (nuevo ejemplo de la ironía a la que me refería). Y por último, el padre, que atiende a la dimensión doméstica y de relaciones social del conflicto. Posiblemente es este el personaje más atribulado del film, pero será también el que recibirá la solidaridad de su vecino, quien le regala una bicicleta y le termina ayudando a instalar una parabólica con la que poder conocer las últimas noticias de su país y la guerra (momento especialmente bonito, en el que su pasado y su identidad logran colarse por fin en la historia).

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Ena Sendijarevic remata el corto reuniendo a los personajes en el sofá frente al televisor (símbolo del concepto de felicidad y normalidad doméstica de nuestros días, que por otro lado no deja de recordarme a la cabecera de Los Simpson), donde ven dibujos animados. Por fin, al final del día, han logrado componerse como familia y asentar los cimientos de algo que ya puede llamarse hogar: una casa prácticamente desnuda, pero lista para ser llenada de nuevas experiencias e ilusiones (esos destellos de color que emite el televisor). Un colofón que abre un pequeña rendija a la esperanza.

Su paso por la Quincena de los Realizadores de Cannes 2016 no hace más que confirmar que Ena Sendijarevic es una realizadora emergente a tener en cuenta y dotada de una gran versatilidad. En cada nuevo trabajo parece reinventarse un poco, explorar nuevos terrenos fílmicos. Así, Import tiene poco que ver con sus anteriores trabajos, el curioso musical Reizigers in de nacht (Países Bajos, 2013) y y el contundente drama familiar Fernweh (escrito en colaboración con otro de los cineastas holandeses más prometedores, Guido Hendrikx, responsable de Onder ons o Escort). En todo caso, el sentido del humor, su condición casi de miniaturas cinematográficas, su inteligente uso del montaje y un permanente clima melancólico pueden ser algunos de los sustratos comunes en estas tres obras sobre los que comenzar a edificar un estilo propio reconocible. Sendijarevic se encuentra ya preparando lo que será su primer largometraje.

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