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Johnny Express

Con la excusa del nacimiento de PequeFilmes. 1er. Festival Internacional de Curtas Infantís de Galicia, que acoge este fin de semana el Museo Centro Gaiás de Santiago de Compostela, recuperamos uno de los cortometrajes más divertidos y poderosos de los últimos años, y que está incluido en la extensa programación de este festival.

Johnny Express (Woo Kyungmin. Corea del Sur, 2014) es una de esas obras sin fisuras dotada de una sorprendente y rara capacidad para conectar con todo tipo de públicos, sean estos espectadores tiernos, voraces adolescentes o enquistados adultos. Y lo mejor es que su secreto está a la vista de todos: a la impecable factura técnica demostrada por su realizador, capaz de crear un 3D preciso, colorista y prístino, inequívocamente influenciado por el cartoon y el cómic, cabe sumársele un argumento que actúa en distintas capas y funciona en todas ellas, condensado en un guión de apenas cinco minutos donde nada falta y nada sobra.

Johnny Express

Habrá quien al asomarse a Johnny Express encuentre un trepidante divertimento lleno de acción y simpatía. Habrá también quien disfrute de su humor negro, su sarcasmo. Y también habrá espectadores que encuentren en esta breve historia un punto filosófico y metacinematográfico, pues propone nada menos que darle la vuelta al leit motiv de buena parte de las películas de ciencia ficción de serie B de los años cincuenta (y de sus herederas postmodernas tipo Independence Day), donde la Humanidad está siempre a punto de sucumbir al Armaggedon provocado por una invasión extraterrestre.

Aquí sucede exactamente lo mismo; lo que pasa es que, debido al radical cambio del punto de vista que adopta este film, el alienígena destructor esta vez es el ser humano, que haciendo gala de su egoísmo cósmico, no logra ni siquiera percatarse de que otras formas de vida pueden desarrollarse fuera de su visión. Evidentemente, este es un trasfondo muy pesimista y nihilista (el hombre es lo peor que le ha podido suceder al Universo, parece decirnos Woo Kyungmin), pero con gran habilidad, el director y guionista transforma toda esa oscuridad en un descacharrante humor, heredero de las más alocadas y destructivas animaciones de nuestra infancia. Un humor unviersal y transgeneracional que preside el corto de principio a fin y que nos ayuda a contemplar nuestro más tenebroso reverso.

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