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Luminaris

Lejos de ser una novedad, Luminaris está casi culminando su recorrido por los festivales internacionales, labrándose a estas alturas una más que exitosa carrera con más de 200 premios, que abarcan desde los Premios del Público y de la Prensa (Fipresci) en Annecy 2011, hasta el reciente Primer Premio en Fantosfreak 2013, y a puntito estuvo de colarse en las nominaciones al Oscar en 2011.

Luminaris

Como puede intuirse, Luminaris es un corto brillante y elegante, seductor de todo tipo de públicos, escrupuloso en la narración. Si a esto le sumamos un enorme talento técnico y un fino sentido del humor, habremos llegado a resumir el estilo de su director, Juan Pablo Zaramella. Más conocido por sus trabajos animados en plastilina, donde alterna spots publicitarios y cortometrajes como Viaje a Marte (Argentina, 2004) o La ópera (Argentina, 2011), recurre en Luminaris a la pixilación (técnica de stop motion en que se animan actores y objetos reales) que ya empleara en El guante (2001) y otras obras experimentales (para más detalles y ejemplos recomiendo visitar su web). Hago este recorrido porque Zaramella emprendió hace unos años una personal investigación dentro de campo de la stop motion, y Luminaris sintetiza los méritos logrados en una trayectoria constante que alcanza aquí una madurez que abre nuevas expectativas en su autor, máxime después de su unánime acogida.

El director propone una historia breve pero tremendamente sofisticada, ambientada en un Buenos Aires atemporal donde conviven el art decó, la estética años cuarenta y las aportaciones fantásticas cercanas al surrealismo; todo ello sobre la base de un tango, Lluvia de estrellas, que según confesión del propio director es la fuente de inspiración original del corto.

Luminaris

En este luminoso Buenos Aires la luz es el motor vital de sus habitantes, literalmente arrastrados por los rayos del sol a abandonar sus casas y emprender la jornada de trabajo en una fábrica de bombillas. Un mundo brillante movido con una armoniosidad musical que encierra sin embargo el tedio de la monotonía y la angustia para quienes albergan en su interior ambiciones mayores, pulsiones profundas o simplemente un prurito de imaginación que les conduzcan a a rebelarse contra un orden establecido inmutable y despersonalizado, como le ocurre al protagonista. De esta manera, la utopía de un mundo ordenado donde todo el mundo trabaja para que las cosas funcionen correctamente, se trasviste rápidamente una distopía que nos remite a esos mundos opresivos descritos por Orwell y afines, donde se vive exclusivamente para trabajar y el resto del día simplemente, no existe.

Luminaris

Pero Luminaris es ante todo una delicada comedia romántica teñida de fantasía y romanticismo old style. Optimista y un poco cursi, resplandeciente en su surrealismo hermano del cartoon, el amor y la esperanza acabarán al final brillando por encima de todo y de todos de forma liberadora, compartiendo con el espectador la calidez de su candor evanescente y haciendo sobresalir este trabajo por encima de propuestas mucho más ruidosas y viscerales.

Pero no hay que llevarse a engaño: detrás de esta pretendida ligereza está sepultado un considerable esfuerzo de producción, una dirección de fotografía bastante más compleja de lo que pueda apreciarse a simple vista y una parsimoniosa realización, que evidencian la marcada personalidad y la enorme capacidad visual de su director.

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