Cargando contenidos…
{"ads":[],"mobile_ads":"Y"}

The Exquisite Corpus

Director: Peter Tscherkassky | Año: 2015 | Nacionalidad: Austria

No es necesario hablar de la importancia histórica del cine experimental austríaco, de Peter Kubelka a Kurt Kren. Tampoco haría falta mencionar la excepcional trayectoria del vienés Peter Tscherkassky, que abarca desde 1981 a la actualidad, y que ha sido merecedora de numerosas retrospectivas en todo el mundo. Ni siquiera habría que decir que Tscherkassky es un nombre habitual en Cannes desde que presentó CinemaScope Trilogy (2002) en la Quincena de los Realizadores, y en la que The exquisite corpus acaba de obtener la Mención Especial. Todo lo anterior es cierto pero también innecesario, ya que The exquisite corpus no precisa de justificación cultural alguna para ser considerada una experiencia única.

Outer space

Outer space (1999), de Peter Tscherkassky

El título The exquisite corpus homenajea a los llamados ‘Cadáveres exquisitos’ de los surrealistas. Estos, inspirados por Los cantos de Maldoror de Lautréamont, convirtieron un sencillo juego de salón en un nuevo género literario: uno de ellos escribía en un papel una palabra (o grupo de palabras), la tapaba y le pasaba el papel al siguiente, que escribía otra palabra, la tapaba, pasaba el papel al siguiente y así hasta el final. La frase o poema resultante era denominada ‘cadáver exquisito’, y no tardó en erigirse en una de las manifestaciones más carismáticas del onirismo surrealista. Onirismo que también parece conducir la sucesión de imágenes de esta obra de Tscherkassky, y que desemboca en una inigualable oda al placer y el deseo más desaforados, que probablemente Lautréamont habría firmado con gusto.

Todo comienza de manera sosegada. Imágenes en blanco y negro, celuloide formato 1:33. Un hombre y una mujer casi desnudos rodean una línea de costa a bordo de un barquito. El mar destaca en los planos amplios, y la banda sonora subraya el choque de las olas. Pero en este prólogo ya aparecen algunos elementos discordantes. Una música inquietantemente hermosa; una mujer desnuda en lo alto de unas rocas, como oteando, o esperando, tal vez a la pareja del barquito; y, sobre todo, el hecho de que el plano de esta última mujer aparezca con un encadenado que no tiene lógica alguna. Imagen que dará paso a otras personas siempre desnudas y expectantes, que habitan una isla que parece regida por las leyes inasibles del sueño.

The Exquisite Corpus

Hasta que la pareja del barquito arriba a una playa de la isla (si es que es la misma isla), y en ella se encuentra una joven desnuda, de cuerpo rotundo y sensual, que yace en la arena y parece dormir. La mujer del barquito se acerca a ella y la toca ligeramente. Y ese mínimo contacto provoca una auténtica revolución.

La imagen pasa sin solución de continuidad por diversos tonos de negativo y solarizado (un procedimiento que solía emplear Man Ray en sus fotografías), se producen manchas, interferencias, la banda sonora se vuelve caótica… Como en el inicio del acto sexual, el primer contacto da paso a un torrente de emociones incontenibles. Pero aquí la excitación no procede tanto del contenido sexual de las imágenes (que también) como de la propia naturaleza de la imagen: irrumpen crecientes, frenéticos, tórridos efectos visuales y auditivos que no buscan otra cosa que representar y, sobre todo, comunicar el placer sexual, y la avalancha irracional que trae consigo.

A partir de ese momento, The exquisite corpus se transforma en una verdadera orgía audiovisual arrastrada en todas direcciones por la asociación pura y libre: Tscherkassky emplea planos de rostros lúbricos y asustados, muslos, manos salaces, miembros viriles… entresacados de thrillers, películas de terror, soft-core ochentero y porno anticuado. Y los multiplica, los trocea, los gira, los superpone, los oscurece o los quema, buscando en todo momento un equivalente audiovisual del deseo sexual, que va elevándose sin freno hasta alcanzar el más estruendoso orgasmo cinematográfico. Al igual que en Outer space (1999) Tscherkassky buscaba la esencia del terror a partir de imágenes de The Entity (El Ente, Sidney J. Furie, 1981), The exquisite corpus quiere ser cine profundamente pornográfico. Y lo consigue gracias a diversas ideas, o más exactamente intuiciones manejadas con mano de maestro.

The Exquisite Corpus

Tscherkassky abraza el Onirismo surrealista. Pero este no es totalmente aleatorio, sino que parte de una estructura firme, tradicionalmente considerada como bella, para a partir de ahí dar rienda suelta a la imaginación (camino seguido por Salvador Dalí o René Magritte). En consecuencia, en The exquisite corpus el austríaco jamás olvida el mar, la isla, la costa como elemento vertebrador, como guía secreto de ese universo onírico. No sólo porque durante todo el metraje aparecen repetidamente imágenes de la chica durmiente, los habitantes de la isla o el mar calmado o embravecido, sino porque los sonidos de la banda sonora (formidable Dirk Schaefer) proceden una y otra vez de ese Mar Primario: el ruido del velamen girando sobre su eje suena sobre imágenes de una puerta que se abre y una cremallera que se baja; los chillidos de las gaviotas hacen las veces de gritos de placer (en una secuencia de tal excitación que más que una orgía parece una matanza; Eros y Thanatos siempre); el clímax orgásmico se ve acompañado del sonido de grandes olas cruzándose entrecortadamente, sin verosímil alguno…

Y la pornografía de Tscherkassky no se queda en ese delicioso juego audiovisual, sino que se contagia a la propia materia cinematográfica. Poco a poco, conceptos y significados van quedando en segundo plano, porque la representación de la excitación sexual se traslada a lo inaprehensible: el ritmo interno de las imágenes, los sonidos inarticulados, las imágenes figurativas fugaces combinadas con líneas y cruces cada vez más persistentes… Así, The exquisite corpus se revela como un viaje a la abstracción absoluta, un encuentro con el deseo más primitivo a través de la textura del Celuloide. En cualquier caso, lo mejor será que el lector lo vea y disfrute personalmente, para que pueda comprobar por sí mismo cómo Peter Tscherkassky, aquí, ha logrado atrapar la esencia del sexo.

All comments (0)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Theme developed by TouchSize - Premium WordPress Themes and Websites
X