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The Immigrant

Charles Chaplin | 1917 | EE.UU.

Por Ismael Juárez

El 17 de junio de 1917 se estrenaba en Estados Unidos un nuevo cortometraje de Charlie Chaplin: The immigrant. La historia de un inmigrante que llega a Estados Unidos bajo la forma del vagabundo, el personaje creado por Chaplin tres años antes y que para entonces ya era en una estrella de la industria floreciente de Hollywood.  Sin embargo, The immigrant no es un cortometraje más. Es sin duda uno de los mejores cortometrajes de Chaplin. También, uno de los más conocidos. ¿Por su vertiente artística? Sin duda, The immigrant es puro Chaplin, aún más Chaplin, un Chaplin que ya ha asentado su personaje, al que ya le ha dotado de todas las cualidades que le identifican ante el público. Un personaje que en 1917 sigue destacando por sus acrobacias y siendo el maestro del slap-stick pero que al tiempo ha conseguido enlazar de un modo tan particular esa comedia tan física con el drama y el melodrama.

En este sentido el cortometraje que ahora cumple 100 años es una continuación y una confirmación de la trayectoria desarrollada por Chaplin con su personaje universal y, al mismo tiempo, un avance de lo que significarán sus eventuales obras maestras en formato largo y que no empezarán a ver la luz hasta los años veinte.

El corto de 25 minutos se divide de un modo claro en dos partes. La primera parte transcurre en un barco donde viajan emigrantes en dirección a Estados Unidos y entre los que se hallará Chaplin. Una combinación simple y excelente de géneros componen estos primeros minutos. Además del slap-stick y el melodrama hay cierto aire de documental, documental caricaturesco, chaplinesco, pero una imágenes a las que se les escapa cierta verdad y donde tal vez encontremos retazos de algunos recuerdos del propio Chaplin, quien tan solo unos años antes había llegado desde su Inglaterra natal en circunstancias posiblemente similares. Especialmente icónica resulta en esta cinta esa imagen breve de la Estatua de la Libertad tantas veces usadas en el cine pero que en Chaplin adquiere otra dimensión. Y es que en cuanto esos inmigrantes se acercan a la costa y se asombran ante la vista de la gran estatua, empiezan a ser tratados de modo poco amable. Aun así, de nuevo, Chaplin sabe mostrar un atisbo de realidad y reírse de ella. Sin crueldad. Con ternura. Con su vagabundo universal.

La segunda parte del documental fue en realidad la génesis de The Immigrant, ya que fue su trama la que inició su rodaje y a la que posteriormente Chaplin añadiría la primera parte a esa historia de un vagabundo que invita a una joven pensando que tiene una moneda que se ha encontrado y que sin embargo acaba de perder y no tiene para pagar. Con el añadido de la llegada de inmigrantes, acabaría dotando a la historia inicial de un contexto mucho más profundo de lo que seguramente el propio autor había previsto en un primer momento.

Y es que hay que tener en cuenta que estamos en 1917. El mismo año en que se aprueba en Estados Unidos una ley de inmigración vergonzante que, además de prohibir la entrada a personas provenientes de lugares específicos del planeta por criterios ciertamente no muy alejados de una visión racista del mundo, añadía de modo literal en su redactado que las siguientes personas no podrían entrar en el país de las oportunidades: alcohólicos, anarquistas, trabajadores contratados, criminales y convictos, epilépticos, personas débiles mentales, idiotas, analfabetos, imbéciles, dementes, pobres, personas que sufran una enfermedad contagiosa, personas mental o físicamente defectuosas, personas con inferioridad psicopática constitucional, radicales políticos, polígamos, prostitutas y vagabundos. Sí, y vagabundos. Ciertamente Chaplin era un osado y se posicionaba. Su comicidad no era ya solo slap-stick. En realidad nunca sus acrobacias había estado desnudas de cierto mensaje social. Y desde luego que esto marcarían su filmografía tan unida al personaje denominado The Trump, Charlot o Carlitos, según el país.

Pero también su vida fuera de la ficción se vería afectada por estas decisiones artísticas. Porque muchos años más tarde, durante la Caza de Brujas, aprovechando un viaje que Charles Chaplin hacía al exterior, el gobierno de Estados Unidos le denegaba el visado para regresar. Nunca se había llegado nacionalizar norteamericano, así que seguía siendo un inmigrante en el país de las oportunidades. Lo curioso es que el cortometraje que había rodado en 1917, The Inmigrant, fue presentado como prueba para no darle el visado. Que en el film el vagabundo le diera una patada a un policía de inmigración les pareció que convertía al Chaplin de los años cincuenta en un tipo sospechoso.

Viendo The Immigrant cabe preguntarse qué pensará Donald Trump de este cortometraje de hace 100 años. No hay que ser muy imaginativo para deducir lo que Chaplin, si estuviera vivo, pensaría de Trump.

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