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World of tomorrow

Director: Don Hertzfeldt | Año: 2015 | Nacionalidad: EEUU

En los terrenos de la animación, y por ende en sus frecuentemente condensados cortometrajes, a veces se corre el riesgo de ser engañado por las bondades de la forma ante la falta de un fondo consistente; trabajos visual y técnicamente apasionantes pero que realmente tienen muy poco que contar: Fast Film (Virgil Widrich, 2003) o Logorama (François Alaux, Hervé de Crécy, Ludovic Houplain, 2009) serían buenos ejemplos de ello. World of Tomorrow, que multitud de medios de todo el mundo se han lanzado a calificar como una verdadera obra maestra, podría ser víctima de ese juicio, pero curiosamente también podría correr el riesgo opuesto: que la complejidad de su historia de fondo y las múltiples líneas que abre con distintas implicaciones emocionales, se viera en desajuste frente a una animación aparentemente tosca y “fácil” como son sus monigotes/protagonistas de línea gruesa. Juicio equivocado en ambos sentidos.

 

World of Tomorrow supone el primer trabajo de animación digital para el californiano Don Hertzfeldt, artífice de una numerosa y premiada carrera previa (en animación tradicional 2D sobre papel, se entiende) que incluye títulos como Billy’s Balloon (1998), Rejected (2000) o Everything Will Be Ok (2006), que han recibido desde una nominación al Óscar hasta recorrido festivales de primera como Cannes o Sundance, evento en el que Hertzfeldt ha llegado a participar hasta en siete ocasiones. Súmmum de lo ‘indie’ por excelencia, la última edición de Sundance reportó al director el Gran Premio del Jurado, por segunda vez en su carrera, con este World of Tomorrow que no deja de abrir bocas a cada nuevo paso: suma premios en BAFICI, SXSW, Boston o Glasgow… y seguramente no será raro verlo entre los nominados al Óscar de 2016.

El nuevo trabajo de Hertzfeldt tiene como protagonista a Emily, una niña que accidentalmente (o no, pero tampoco viene al caso) recibe desde un futuro lejano la visita de su propio y avanzado clon adulto. Esta Emily de nueva generación le hablará de la inminente destrucción del planeta, de la cercana posibilidad de alcanzar el sueño de la inmortalidad a través de sucesivos clonados de uno mismo (o, en su defecto, para los menos pudientes, poder descargarse en conciencias digitales), un futuro donde las limitaciones de internet han desaparecido para alcanzar el mucho más tangible e infinito outernet… Ambas versiones de Emily, primigenia y ultra-evolucionada, realizarán un viaje que no habita un tiempo ni un espacio definidos y que, en términos de narrativa cinematográfica (animada), supone un verdadero salto sin red. La narración fría, distante y robótica de la Emily clónica se dirige a la juguetona Emily primigenia, quien no puede procesar toda la información recibida porque, básicamente, es todavía muy pequeña para enterarse de nada.

 

Hertzfeldt se desata a sí mismo e ilustra su propuesta, infinitamente más compleja de lo que pudiera parecer a primera vista, con su reconocible estilo de dibujo simple e infantil, pero con una riqueza de fondos que convierten su aparente minimalismo en un maximalismo absoluto de diseño y color. Estéticamente, el cortometraje funciona tanto al servicio de la historia como por sí mismo. Porque al margen de lo moderno que pueda ser (que lo es), aquí hay forma pero hay un fondo mucho mayor. Sirviéndose de un tono terriblemente lacónico, triste y hasta deprimente, con algunos apuntes de humor cruel, Hertzfeldt ha destilado una amalgama de ideas cuyas referencias más lógicas van desde La jetée (Chris Marker, 1962) a Eternal Sunshine of the Spotless Mind (Olvídate de mí, Michel Gondry, 2004) o Her (Spike Jonze, 2013), pasando por Artificial Intelligence: AI (A.I. Inteligencia Artificial, Steven Spielberg, 2001) o la riqueza e innovación de otro cortometraje bomba como Please Say Something (David O’Reilly, 2008), sin olvidar múltiples referentes literarios como la ciencia ficción melancólica del Ray Bradbury de The Martian Chronicles (1950)… y no sería descabellado acordarse de ciertos pasajes del Houellebecq de Les Particules élémentaires (1998).

World of Tomorrow es una obra de la que seguramente seguiremos hablando dentro de muchos años, y esa capacidad que nos adjudicamos para evocar este título en el futuro es muy apropiada para despedirnos, pues una de las mayores bazas del cortometraje es el papel que juegan los recuerdos, en tanto que los futuros clones, más despersonalizados, siguen agarrándose a ellos como un elemento intrínseco de su humanidad. Dos momentos resultan especialmente acongojantes: la Emily del futuro relata a la pequeña cuántas veces ha visto un recuerdo intrascendente de un fallecido novio suyo (también clon), y más tarde arrebata a su versión primigenia otro cotidiano recuerdo infantil que dará sentido a su existencia: un paseo con mamá. Tan sencillo y elemental que resulta devastador.

 

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