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Third kind

Yorgos Zois | 2018 | Grecia-Croacia

Por Óscar de Julián

Hacía meses que no se hablaba tanto y tan extensamente de un cortometraje (tal vez desde World of Tomorrow II), hasta el punto de que Third kind ha merecido artículo propio en el mismísimo ‘Variety’. Y no se puede negar que es un título con carisma, con un punto de partida de lo más sugestivo: nada menos que un relato de ciencia ficción a través del tiempo que aborda la actual crisis de refugiados. Servido, además, por imágenes contundentes, brillantes.

Pero es curioso lo que ocurre en Third kind: por un lado, tanto brillo acaba revelándose como una pompa de jabón sin consistencia alguna; por otro, y cuando da la impresión de que el corto se va a derrumbar, aparecen en él otros valores insospechados que lo transforman en un título, ahora sí, plenamente disfrutable.

Su director, Yorgos Zois, se dio a conocer en Venecia con una curiosísima parábola sobre la crisis económica griega, Casus belli (2010), donde quedaron patentes sus capacidades para encontrar ideas resultonas y, sobre todo, su rotundidad visual. Titloi telous (2012) fue un relativo paso atrás: esta vez la crisis griega era mostrada a través de diversas fachadas, carteles y rótulos urbanos, pero la originalidad de Casus belli había remitido, ya que Zois se apuntaba a la moda, en ese momento omnipresente, del corto de fachadas, lo cual no le impidió ser nominado al Mejor Corto Europeo.

Ahora, Zois ha estrenado Third kind en la Semana de la Crítica de Cannes, y los mimbres de los que ha partido no pueden ser mejores: una idea vistosa, una producción más que impecable, la colaboración en el guion de la mismísima Konstantina Kotzamani, la autora del magnífico Limbo (y del insoportable Washingtonia, que todo hay que decirlo) y, muy en especial, la posibilidad de disponer de un escenario absolutamente excepcional: el antiguo aeropuerto de Atenas.

Puede que los festivales europeos vean a Zois como un autor, pero lo que hace realmente interesante a Third kind es su manera de abordar el cine de género, concretamente la ciencia-ficción de anticipación. Zois mezcla a placer referentes de la sci-fi más popular (2001, Moon, La amenaza de Andrómeda) con otros asociados a una ciencia-ficción pretendidamente más culta (Stalker, La jetée), y ya desde su título parte de un homenaje explícito a Close Encounters of the Third kind (Encuentros en la tercera fase, Steven Spielberg, 1977), pero invirtiendo los términos: ahora son los humanos los que llegan a la tierra, pues hace ya mucho tiempo que la abandonaron para sobrevivir, y regresan porque ‘algo’ emite una señal continua de cinco notas, similar a la del film de Spielberg. Algo que tiene que ver con los refugiados.

Digámoslo ya: el discurso de Third kind sobre los refugiados es de una simplonería sonrojante. Al adoptar la perspectiva de la ciencia-ficción, Zois transmite la idea de que el ser humano, dentro de décadas, siglos y eras cósmicas, recordará las crisis de refugiados como un serio punto negro en la historia de su existencia. Nada que objetar a la gravedad del hecho de los refugiados (abordado por numerosos cortometrajes con mucha mayor inteligencia y profundidad), pero presentarlos como el punto central de la vergüenza de la humanidad (la competencia es atroz, no creo necesario dar ejemplos) resulta sobredimensionado y un punto risible.

Ahora bien, todo lo que tiene de ridículo el discurso social de Third kind, lo tiene de brillante su formulación visual. El director griego consigue que una película clásica de ciencia-ficción sea, al mismo tiempo, un documental. En Blade Runner 2049, Ryan Gosling se pasea por un hotel-casino cuyas solemnes ruinas cuentan toda la historia de Las Vegas, pero ese hotel está sujeto escrupulosamente a las leyes de la ficción. En Third kind, los tres científicos recorren los restos reales del campamento de refugiados en el antiguo aeropuerto de Atenas: fantasía y documental se funden en uno a través de planos majestuosamente filmados y, a la vez, estremecedores a causa de la realidad que acaba manifestándose. Para ser más exactos: la ficción de Third kind potencia la revelación de la espantosa realidad, punteada además por la aparición fugaz de voces y grabaciones televisivas recientes.

Y si no existiera este fascinante juego entre documental y ficción, Third kind seguiría haciéndose perdonar sus ingenuidades gracias al extraordinario escenario en el que tiene lugar: el antiguo aeropuerto, las tiendas de campaña, el restaurante polvoriento, las naves desérticas, la deliciosa escena de un canto en el altavoz… Así, sin casi pretenderlo, Yorgos Zois consigue crear una nueva ‘Zona’, sin profundidades filosóficas, pero con cierta capacidad de fascinación. Third kind es, por tanto, una experiencia de extremos: mientras una parte de nosotros rechaza la trivialidad disfrazada de compromiso de su argumento, la otra parte se admira ante las posibilidades cinematográficas de la historia, y ante el progresivo descubrimiento de un escenario irrepetible.

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