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Después también

Director: Carla Simón | Año: 2019 | Nacionalidad: España

No soy un entusiasta de Verano 1993, y a estas alturas me consta que hay bastantes espectadores que piensan lo mismo que yo. Pienso que las virtudes del celebradísimo largometraje de Carla Simón eran tan poderosas e innegables como finitas: la dirección de actores, en especial Bruna Cusí y las niñas; cierta creación de ambientes familiares; la escena en la que la niña juega a ser su madre; el magnífico cuarto de hora final. Pero estos logros no lograban ocultar la debilidad de su entramado narrativo (de acuerdo que no pretendía ser un entramado tradicional, pero aún así el resultado era un tanto caótico), la indefinición de personajes centrales (como la madre adoptiva) y un esteticismo que más de una vez ahogaba la historia. El caso es que este honesto primer largo que, eso sí, apuntaba maneras, deslumbró a todo tipo de espectadores complacientes, y sobre todo a comentaristas perezosos que le dedicaron alabanzas desproporcionadas y hasta ridículas (alguno de ellos comparó sus logros con los de El espíritu de la colmena, una afirmación que, estoy seguro, ruborizó a la propia directora).

Afortunadamente, parece que Carla Simón ha sabido digerir su éxito de la mejor manera posible: este le ha proporcionado una seguridad en sí misma que se nota en cada fotograma de Después también, su nuevo cortometraje. Pero esa autoconvicción ha venido acompañada de una sana capacidad autocrítica: Simón no solo mantiene las virtudes de Verano 1993, sino que corrige sus defectos. El resultado es una obra deliciosa, a todas luces más lograda y compacta que su antecesora. Y a mi modo de ver, ahora sí que se puede hablar de una directora con auténtica personalidad.

En principio Después también no es más que un cortometraje promocional, al servicio de CESIDA (Coordinadora Estatal de VIH y SIDA), cuyo principal objetivo es totalmente compartible: desterrar falsos mitos sobre el VIH y difundir el hecho de que tener el virus hoy en día ya no es como antes, que con información y tratamiento adecuado se puede llevar vida normal, y que ya va siendo hora de asumir que hay que ponerse condón para las relaciones sexuales. Todo en Después también se supedita a ese discurso, pero nada impide que asistamos a una auténtica exhibición de buen cine.

La historia de Después también no puede ser más transparente y previsible: un joven recibe la noticia de que han podido transmitirle el VIH, descubre que efectivamente así es y que, al fin y al cabo, puede seguir haciendo su vida sin especiales problemas. Historia de suma sencillez, pero que en este caso cuenta con un guion bien trabado y articulado, en el que Simón ha tenido la inteligencia de rodearse de otras dos guionistas, Aina Clotet (directora del corto Tiger y reputada actriz) y Valentina Viso (conocida sobre todo por su estrecha colaboración con Mar Coll). Del mismo modo, el cortometraje se beneficia de una excelente fotografía de Gris Jordana, que otorga al relato una agradecida calidez. Pero aquí no hay rastro del esteticismo que abrumaba a Verano 1993: la fotografía huye de la belleza impostada y se supedita al relato y a los sentimientos de los personajes, en vez de superponerse a ellos.

Guion y fotografía aparte, lo que otorga verdadera fuerza a Después también es la riqueza de su propuesta cinematográfica. Para empezar, Después también empieza y acaba con notable inteligencia: la primera imagen muestra la nuca de un personaje que entra en un garito buscando a otro. Se trata de una persona que, pronto lo sabremos, ha contraído el VIH y va a comunicárselo a Edu, el joven protagonista, con el cual se acostó sin condón. La manera de mostrar al primer personaje no solo lo aísla de un entorno festivo sino que le carga de responsabilidad: cuando por fin encuentra a Edu y le cuenta lo ocurrido, el punto de vista pasa a este. Es decir, a través de la puesta en escena Simón deja clara la idea de transmisión: transmisión del VIH y transmisión del problema. Pero hay algo más: Edu ha podido hacer lo mismo con una tercera persona. Y cuando al final se decide a contárselo a esta, nada más lógico que repetir la misma planificación del principio: nuca de Edu hasta llegar a la persona amada. Así transmisión del VIH significa, también, transmisión de responsabilidad.

Durante todo el metraje el personaje de Edu, un joven de presencia pasoliniana e indudable carisma, muy bien interpretado (y dirigido) por Berner Maynés, aparece aislado en los encuadres, rodeado de un entorno mediterráneo casi idílico que ahora, repentinamente, es incapaz de disfrutar. Los momentos de intimidad física con su actual novia están rodados con planos cercanos y sensuales, pero Edu ya no puede abandonarse en ellos. Las relajadas escenas cotidianas están descritas por imágenes fugaces y unos espléndidos ambientes sonoros (uno de los puntos fuertes de la directora), pero a Edu le son totalmente ajenos. Sin olvidar las hermosas escenas en las que ya ha comprado un test del VIH pero se resiste a probarlo: son escenas breves en las que aparentemente no pasa nada, tiempos muertos que revelan el miedo del personaje a perder para siempre el paraíso. Simón sabe dar forma y vida a un personaje atrapado por las circunstancias, y al que no le quedará más remedio que hacer frente a un problema que, a la postre, se revelará bastante menos terrible de lo que parece. Y todo ello sin que el discurso obstaculice, en ningún momento, la emoción pura.

 

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